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EXTRAVÍOS | ARTE | Exposiciones

Reparación

¿Qué sería de nosotros, mortales, sin poder usar el modo verbal del subjuntivo? Aunque se podría zanjar la cuestión con la indubitable aserción de que entonces no seríamos lo que somos, creo que se le puede sacar punta a este modo conjetural de abrir la acción hacia un más allá de lo positivamente real. Por ejemplo, desde una perspectiva ética, ¿podría darse el arrepentimiento sin acudir al pretérito pluscuamperfecto del subjuntivo, que, según y cómo, puede ser ante-pretérito, ante-co-pretérito y ante-pos-pretérito; esto es: capaz de revolver el pasado hasta proyectarlo al futuro? No soy un gramático, pero esta divagación se me ocurrió al leer el ensayo Arrepentimiento y nuevo nacimiento (Encuentro), del pensador alemán Max Scheler, donde, a contracorriente de nuestra época, defiende el poder liberador y rejuvenecedor del arrepentimiento, sobre todo, si éste se radicaliza y, más allá de cualquier acción concreta, llega a cuestionar al ser mismo.

Etimológicamente, el término arrepentirse procede del latino repaenitere, que viene a significar "volver sobre lo que pensamos haber hecho mal y nos desagrada", pero no sólo para no repetirlo en el futuro, sino también para modificar, a la nueva luz, el sentido de lo que nos pasó y así librarnos de la estéril culpa. En todo caso, si la parte más creativa de la ética se conjuga en subjuntivo, no digamos en el arte, cuya autenticidad depende por completo de este modo verbal. Leamos si no el libro titulado Reparación (Bartleby), del poeta estadounidense C. K. Williams (Newark, 1936), en cuyo último poema, 'Arreglos invisibles', imagina a "tres mujeres arcanas como ángeles" aplicadas a recoser los defectos del tejido existencial: "Y en tu soledad te das cuenta / de la forma tan gentil que tienen de concluir / la tela, la solicitud / con que sujetan los bordes desgastados / para unirlos, con qué severa / pero amable indiferencia empuñan / las tijeras sanadoras: el perdón, la reparación".

El castellano reparar procede del latino reparare, que significa recuperar, restablecer, renovar, todas ellas acciones que pueden ser transitivas o reflexivas; es decir: que se puede arreglar algo, pero también que alguien puede recomponerse y mirar la realidad de otra manera. Por otra parte, el arte, al no progresar, viaja por el tiempo sin problemas, no necesitando reparación, porque es él mismo constante reparación de la realidad y de sí mismo.

¿Qué significa hoy, no obstante, reparar, cuando se impone la ley consumista de "usar y tirar"? El poder del arte ha consistido en su capacidad creativa para constantemente remontarse hasta el origen. Es flexible, pero no se adapta a cualquier cosa: exige revolver los tiempos. Es violentamente conjetural o no es. Y la forma optativa con la que conjetura es paseándose por el espacio y por el tiempo como si nada, porque, en vez de antigüedades o novedades, vive en la convicción de que todo lo humano está siendo constantemente reparado. No es algo que se pueda consumir, por lo menos, hasta la consumación de los tiempos. -

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 23 de febrero de 2008