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Crónica:21ª jornada de Liga

El museo de Guti

El Madrid supera al Villarreal tras un vibrante partido gracias a la chistera de su segundo capitán y la eficacia de Robinho

Guti juega como pocos, pero se le exige como a nadie. Para muchos de sus técnicos, ha pesado más su aire perezoso que su cartabón en la pierna izquierda. Una injusticia, nada que ver con cómo se ha medido a otros. De Guti se espera siempre todo y a Guti no se le perdona nada. Afortunadamente para el fútbol, Schuster ha manejado la situación con la templanza necesaria. Le puso contra la pared después de su expulsión en Murcia y, tras la condena, le ha vuelto a dar carrete. Con Guti, el técnico alemán rebobina y se ve a sí mismo hace 30 años. No debe ser casualidad que a Guti le llamaran Schuster en el parvulario. Jugadores como ellos son una seña de distinción para cualquier equipo. Ellos marcan la frontera entre el pelotón y la élite. Pronto lo comprobó el Villarreal, que en el arranque pagó el marcador de San Mamés.

REAL MADRID 3 - VILLARREAL 2

Real Madrid: Casillas; Salgado (Drenthe, m. 83), Cannavaro, S. Ramos, Torres; Guti, Gago, Baptista (Sneijder, m. 73); Raúl, Van Nistelrooy y Robinho (Higuaín, m. 88). No utilizados: Dudek; Metzelder, Balboa y Robben.

Villarreal: Diego López; Javi Venta, Godín, Cygan, Capdevila; Cani (Ángel, m. 58), Senna, Bruno (Josico, m. 58), Cazorla; Rossi y Nihat (Tomasson, m. 70). No utilizados: Viera; Gonzalo, Josemi y Franco.

Goles: 1-0. M. 8. Robinho coloca el balón tras un gran pase de Guti. 1-1. M. 15. Rossi, desde la frontal. 2-1. M. 53. Robinho, a rechace del portero. 2-2. M. 75. Capdevila, tras un córner. 3-2. M. 76. Sneijder, de tiro cruzado.

Árbitro: Álvarez Izquierdo. Amonestó a Gago, Godín y Senna.

Unos 75.000 espectadores en el Bernabéu.

El equipo de Schuster es un cohete y Guti, un lujo. El Barça está fuera de pista

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Tras el patinazo azulgrana, el Madrid salió en estado de efervescencia, decidido, sin nada que discutir con su lírico rival, un equipo con mucho estilo. El Madrid logró atrincherar al Villarreal y antes de los diez minutos Guti descosió al grupo de Pellegrini. Un pase al gol. Desde un lateral del centro del campo, el rubio tiró de chistera, de magia, y con un toque eliminó a medio Villarreal. Robinho llegó a la carrera y con precisión de cirujano clavó la pelota en un rincón de la portería de Diego López. Una asistencia prodigiosa. Pero a Guti le quedaba repertorio.

Al tanto de Robinho respondió de forma adecuada el Villarreal, siempre con la mirada al frente, nada cicatero. Le gusta manejar el balón con delicadeza y tiene dos bólidos en el ataque. Rossi y Nihat poseen chispa y gol. Son un incordio para las defensas. Rossi se lo mostró a Cannavaro, al que anudó la cintura en una baldosa justo antes de superar a Casillas, un notición.

El empate no destempló a ninguno de los dos equipos, que hasta el final sostuvieron un duelo sin retórica, atrevido y directo. Cierto que de Casillas apenas hubo más señas hasta el gol de Capdevila y que Diego López tuvo el tajo suficiente para acentuar la calidad del que ayer fue su contrincante. En López se adivina a un excelente portero, ágil y sobrio, un emigrante madridista por culpa de Casillas. El ex suplente de Iker frenó una y otra vez los toques de corneta del Madrid, que se sucedieron con frecuencia, con Guti al mando, Gago en su mejor versión y el trío ofensivo en su línea de esta temporada. Pero no es fácil achicar al Villarreal, enhebrado por un puñado de buenos futbolistas a los que adiestra con sabiduría y sin estridencias un técnico como Pellegrini, al que sólo le falta impacto mediático. Al Madrid no es sencillo jugarle cara a cara, medirle con las mismas armas. Lo hizo el Villarreal, que contribuyó de forma encomiable a la emoción del encuentro, y el Madrid se lo cobró en el momento justo. Cuando más apretaban Rossi y Nihat, de nuevo entró en escena Guti. La pelota le llegó llovida desde el área madridista y nada hacía vislumbrar una contra porque al segundo capitán blanco, que estaba de espaldas, le escoltaban dos rivales. Con Guti nunca se sabe, así que ventiló a los dos guardianes con un toque museístico. La jugada, soberbia en su origen, se volvió un tanto esperpéntica cuando Raúl, Sergio Ramos y el propio Guti desperdiciaron el gol ante el imponente Diego López. Robinho cerró la jugada como merecía el dictado de Guti. Y poco después Capdevila puso al Villarreal donde merecía su apuesta.

El partido cautivaba a todos por igual. No había tregua. Pero, golpe a golpe, este Madrid tiene más plomo que nadie. Sneijder, ayer desde el banquillo, apareció menos asustado de lo habitual y se aprovechó del mimetismo de Gago, que imitó a Guti con un servicio excelente que despachó al cuadro de Pellegrini, que, eso sí, se despidió en las cejas de Casillas. El delirio en Chamartín, con la afición entregada a un partido con mucho cuajo, celebrando el festival de Guti y con el Barça fuera de pista, a nueve puntos, recién estrenada la segunda rueda. Nadie jamás ha dilapidado renta semejante. El Madrid es un cohete y Guti, un lujo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 28 de enero de 2008