Reportaje:

Adiós al obispo progresista

La muerte de José Gómez augura un giro conservador en la diócesis de Lugo

Aunque afirmaba no creer en progresismo o conservadurismo, la realidad es que en distintos ámbitos siempre se consideró al que fue el obispo de Lugo en los últimos 27 años, Fray José Gómez, como una persona de posturas claramente avanzadas. Muy contrapuestas, en todo caso, a los valores que representa el arzobispo de Madrid, el cardenal Antonio María Rouco Varela, de quien se da por hecho que tendrá una fuerte ascendencia sobre su sobrino, Alfonso Carrasco Rouco, que pasará a ser el máximo responsable de la diócesis lucense el próximo 9 de febrero.

"Era un obispo progresista, dentro de lo que puede ser el progresismo del obispado", afirma el sociólogo Bernardo García Cendán, quien conocía personalmente a fray José, fallecido la pasada semana. "Era más de la línea de Tarancón, aunque sin decantarse excesivamente", detalla Cendán, quien recuerda que se llegó a publicar que el que fue obispo número 100 de la diócesis lucense no prestó su apoyo a Rouco Varela para continuar al frente de la Conferencia Episcopal. Su secretario personal durante los últimos 25 años, el sacerdote Mario Vázquez, también considera a José Gómez como un obispo que se situaba "en la línea más abierta" de la Conferencia Episcopal, aunque insiste en que al prelado que ahora reposa en la capilla de San Froilán no le gustaban las divisiones y siempre hablaba de "los más fieles a Jesús o menos".

Sobre su supuesta oposición a Rouco Varela, el sacerdote Vázquez apela al secreto de las votaciones y evita entrar en una cuestión que sitúa en el "terreno especulativo". "Es algo que se ha podido interpretar más que otra cosa, porque él era muy parco en comentarios sobre la Conferencia Episcopal", remarca. También aclara que Rouco habló en varias ocasiones con fray José durante la enfermedad de este último, pero no deja de ser una realidad que el arzobispo de Madrid no acudió a las exequias que se celebraron el pasado jueves en la catedral de Lugo.

García Cendán recuerda al obispo fallecido como un galleguista "muy sensible". También en este punto existe concordancia con la opinión de Vázquez, quien asegura que José Gómez "siempre fue un obispo que pidió a sus sacerdotes que optaran por el gallego".

Es cierto que Gómez "nunca imponía nada", pero llegó un momento en el que se cansó de que algunos sacerdotes no le hicieran caso en la cuestión idiomática. Por ello se adoptó un acuerdo en el obispado para que los sacerdotes de la diócesis, cuando menos, utilizaran el gallego en sus homilías y en la lectura del evangelio.

Reconocimiento del BNG

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Su defensa del gallego llegó incluso a sensibilizar a los sectores más nacionalistas, hasta el punto de que el grupo municipal del BNG emitió un comunicado de condolencia, al margen del pronunciamiento institucional, para resaltar, entre otros valores, la permanente utilización del gallego en la sede del Obispado de Lugo.

Vázquez recuerda además que prestó "un gran apoyo" al laicado y muchas de las delegaciones del obispado las puso en "manos de laicos". Así, hoy en día quien recibe en la vicaría general a los matrimonios con problemas es María José, una abogada que forma parte de ese laicismo que impulsó una persona que siempre "huyó de los fastos sociales".

Con todo, fray José Gómez se ganó definitivamente a las clases progresistas cuando apareció, ocupando un lugar muy discreto, casi al final de la marcha, en una manifestación contra la guerra de Irak. "Él eso lo tenía muy claro y estaba en contra de todo aquello que fuera violencia. Es cierto que fue a esa manifestación a la que yo no le pude acompañar", recuerda su secretario.

Tras la desaparición de Gómez, distinguido como obispo emérito, se aventuran nuevos tiempos para la diócesis lucense. Quienes conoce al que será nuevo obispo, Alfonso Carrasco Rouco, destacan su timidez, pero también una sólida preparación para el cargo.

"Temo mucho a la presión del tío", afirma una persona que conoce bien a Alfonso Carrasco y también a Rouco Varela, de quien asegura que fue evolucionando hacia posturas conservadoras desde el mismo momento en que se hizo obispo y que tiene claro que volverá a intentar presidir la Conferencia Episcopal.

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