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Crónica:18ª jornada de Liga

Desnaturalizado Valencia

El cuadro de Koeman, que sólo ha ganado uno de siete partidos, impotente ante el Levante

Salvo cuatro energúmenos que zarandearon el coche en el que se iban Koeman y sus ayudantes, Mestalla se lo ha tomado civilizadamente. Protesta al final del partido y de manera elegante: con el flamear de pañuelos. El equipo cae en picado y la hinchada practica un ejercicio de contención. Sabe que su equipo paga los excesos de un presidente que ha cambiado de plan al menos una vez a la semana desde hace tres años. Estas son las consecuencias. Tan identificable en los últimos siete años, el Valencia se ha desnaturalizado. Koeman ha removido los cimientos de su antecesor, Quique Flores, para empeorarlo todo progresivamente. Y Mestalla, qué remedio, ni incendia ni participa de los tópicos que se le atribuyen: se resigna a la mediocridad.

VALENCIA 0 - LEVANTE 0

Valencia: Hildebrand; Arizmendi, Marchena, Helguera, Moretti; Joaquín, Sunny (Edu, m. 46), Baraja, Silva, Vicente (Zigic, m. 65); y Villa (Mata, 77). No utilizados: Mora, Albiol, Lombán y Montoro.

Levante: Kujovic; Descarga, Serrano, Álvaro, Rubiales; Juanma (Ettien, m. 61), Tommasi, Berson, Pedro León (Miguel Ángel, m. 61), Courtois (Saúl, m. 80); y Geijo. No utilizados: Tejera, Cirillo, Iborra y Pepe Pla.

Árbitro: Rodríguez Santiago. Expulsó aZigic (m. 85) con roja directa por una entrada con los pies por delante a Serrano. Amonestó a Berson, Baraja, Juanma y Tommasi.

Unos 25.000 aficionados en Mestalla. Unos 500 de ellos se manifestaron en contra del presidente valencianista, Juan Soler, antes del partido.

Aquél, el de Quique, fue un conjunto industrial y efectivo, con pegada y carácter para ganar partidos inmerecidos. Éste es un combinado soso: no juega ni bien ni mal, y ha perdido toda la capacidad de intimidación. Su inocencia quedó retratada en la expulsión de Zigic tras una entrada brutal e inútil a Serrano. Se quedó con 10 el cuadro local a pesar de que el Levante había cometido un sinfín de faltas. Koeman sólo ha ganado uno de los siete partidos que ha dirigido en la Liga. Y el Valencia no asusta ni al peor de la categoría, que ayer consiguió algo parecido a una hazaña en sus actuales circunstancias: mostrarse compacto y unido ante las adversidades, y fastidiar gustosamente a su eterno y poderoso rival. Así lo celebraron los futbolistas granota, saludando al público que los había acompañado desde la esquina más alta del estadio.

Koeman se ha equivocado mucho a corto plazo. Por ejemplo en la suplencia ayer de Zigic. Tras batir un récord sin marcar de 50 años, el preparador holandés se había topado con un goleador inesperado que le salvó los muebles en tres partidos seguidos, los dos de Copa y el de Zaragoza en Liga. Pues bien, ni así confió ayer Koeman en el gigante serbio. Los momentos de los goleadores están para aprovecharlos y éste sin duda era el de Zigic, el único con la mente optimista para marcar.

La realidad es muy cruda para Koeman. Mientras Kujovic, el meta serbio que suplía al huido Storari, apenas fue exigido, Hildebrand tuvo dos paradas decisivas. En la primera desvió un cabezazo de Álvaro. Y en la segunda, neutralizó con el pie izquierdo un disparo de Geijo, que había dejado tirado a Helguera con un precioso reverso.

Es decir, el Valencia es vulnerable en las dos áreas. Defiende mal y llega agotado y deprimido al marco rival. Y cuando Koeman por fin optó por Zigic y sacrificó a Vicente, éste le negó al marcharse la mano al entrenador, que no tiene precisamente un don para ganarse a los jugadores.

Al final, De Biasi les transmitió un mensaje positivo a sus chicos con los cambios. Koeman, no. Agotada su munición, el Valencia fue yéndose por el sumidero de la monotonía. Y la grada, pañolada en alto, se retiró con la cerviz agachada y un cabreo cargado de resignación.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 7 de enero de 2008