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Reportaje:

La última de Britney Spears

La cantante, drogada, se atrincheró en casa para no dar a sus hijos al padre

Britney Spears añade cada día un nuevo capítulo a su particular historia de víctima de la fama. Mientras EE UU centraba el jueves su mirada en las primarias de Iowa, la cantante, de 26 años, entraba en una escalada de histeria en Los Ángeles que comenzó cuando retuvo a sus dos hijos y se negó a entregarlos al guardaespaldas de su ex marido, el bailarín y cantante Kevin Federline, de 29 años, que tiene la custodia legítima de ambos.

La policía acudió a su casa de Studio City, donde se había atrincherado con Sean Preston, de dos años, y Jayden James, de uno. Al notar que su comportamiento era extraño, los agentes llamaron a una ambulancia y la enviaron al centro médico Cedars Sinai para una evaluación psiquiátrica.

Dejó la casa en una camilla, luciendo extensiones oscuras. A ratos sonreía, a ratos lloraba, en lo que la revista Rolling Stone ha calificado de "un verdadero retrato de su estado mental". "La enviamos al hospital porque notamos que había tomado una sustancia no reconocida", dijo ayer el portavoz de la policía de Los Ángeles, Jason Lee.

Los niños le fueron devueltos a su padre a las 10.30 horas, momentos después del ingreso de la cantante en urgencias. Ambos se separaron a finales de 2006, y desde entonces han mantenido una encarnizada batalla por la custodia. En octubre, un juzgado de California le retiró la plena custodia a la madre por ser "una usuaria habitual, frecuente y continua de sustancias y alcohol".

A última hora de ayer la cantante seguía ingresada para un análisis psiquiátrico en profundidad. Su código de paciente es el 5150, lo que significa que es un "peligro para ella misma y para los demás", según la revista US Magazine. Federline y sus dos hijos estuvieron en el hospital con Spears hasta primera hora de la mañana del viernes. También acudieron al centro médico los padres de Spears, con los que no se habla desde hace meses.

El miércoles los abogados de la cantante habían decidido dejar de representarla, alegando que la comunicación con ella "estaba rota" y que "ella misma hacía imposible defender sus propios intereses".

Son días duros para una artista que, según la revista Time, ha vendido 76 millones de discos en todo el mundo. Atrás quedan los años de singles de éxitos y conciertos masivos. Su último disco, lanzado al mercado Blackout, no ha superado el millón y medio de copias.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 5 de enero de 2008