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Los periodistas catalanes afirman que el bulo del 11-M socavó la profesión

'El Mundo' y la cadena Cope actuaron por "intereses económicos"

"Han hecho tambalear los pilares de la deontología periodística. La historia del periodismo español no podrá desvincularse de lo que ha sucedido durante los últimos tres años y medio". Es la conclusión del dossier titulado Historia de una conspiración que la revista Capçalera, editada por el Colegio de Periodistas de Cataluña, ha publicado para sacar los colores a los autores de los bulos sobre el atentado del 11-M.

Y señala tres: como "locomotora mediática", el diario El Mundo; y siguiendo fielmente sus tesis, los "vagones traseros": la cadena Cope y la televisión pública madrileña Telemadrid. Fabricaron una tesis alternativa que acusó primero a ETA y después a "las cloacas del Estado". Lo hicieron, sostiene la revista, más por "intereses económicos" (para vender más periódicos o tener más audiencia) que ideológicos; y desde luego, salvo en casos aislados, no por convicción.

El reportaje recoge testimonios de "una treintena de personas que han vivido y sufrido" el proceso de fabricación del bulo sobre el 11-M. En su mayoría, periodistas de esos tres medios que fueron apartados de sus puestos o acabaron marchándose por oponerse a las teorías conspiranoicas, y que han sido sustituidos por redactores fieles. "Todas las informaciones susceptibles de manipulación se manipulaban", cuenta el ex director de informativos de Telemadrid Alfonso García.

Capçalera denuncia la "gran conexión" entre los medios de la conspiración -además de los tres citados, el bloguero Luis del Pino y sus peones negros- y "algunos abogados" que defendieron los bulos en el juicio del 11-M. La teoría de la conspiración debería ser, apunta Álvaro García, "una lección para las facultades de Periodismo de lo que no hay que hacer en esta profesión".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 21 de diciembre de 2007