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Crónica:15ª jornada de Liga

La nostalgia apresa al Barça

Los azulgrana firman un remonte ante el Deportivo después de un partido escaso en juego

Al Barça le dio un ataque de nostalgia en una noche especialmente desagradable y las pasó canutas para sacarse de encima al Deportivo, que ni quitó ni puso nada, sino que se dejó llevar por la corriente, a favor al inicio y en contra al final. Los azulgrana concedieron un gol nada más empezar, sin que mediara jugada, y tardaron hora y pico en firmar la remontada después de un ejercicio de mínimos, poco futbolístico.

A falta de juego, se impuso el esfuerzo, una mala noticia desde el punto de vista de los barcelonistas, más que nada porque habían quedado contentos con el derby. Ocurrió que el entrenador respetó más las jerarquías que el estado de forma de los futbolistas y al Barcelona le salió un encuentro feo, sin apenas oportunidades, aun cuando formaron para la foto Messi, Eto'o y Ronaldinho, suplente en Lyon y Montjuïc y titular en el estadio por completar un par de buenos entrenamientos. Apareció la delantera que debutó en la Liga en verano y el equipo, falto de refuerzos como los de Touré o Abidal, necesitó refrescarse con el tiempo para alcanzar un triunfo vital.

BARCELONA 2 - DEPORTIVO 1

Barcelona: Valdés; Zambrotta (Deco, m. 45), Puyol, Milito, Sylvinho; Xavi, Márquez, Iniesta; Messi, Eto'o (Bojan, m. 63) y Ronaldinho. No utilizados: Jorquera; Thuram, Gudjohnsen y Giovani.

Deportivo: Munúa; Manuel Pablo, Adrián López, Coloccini, Filipe Luis; Antonio Tomás (Sergio, m. 52), De Guzmán; Cristian (Lafita, m. 75), Verdú, Guardado; y Xisco (Taborda, m. 63). No utilizados: Auoate; Barragán, Juan Rodríguez y Bodipo.

Goles: 0-1. M. 2. Cristian, desde fuera del área, sorprende a Valdés. 1-1. M. 40. Ronaldinho, de penalti. 2-1. M. 71. Xavi aprovecha un rechace del portero.

Árbitro: Fernández Borbalán. Amonestó a Guardado, Adrián López, Sergio y Deco.

57.579 espectadores en el Camp Nou.

Rijkaard respetó la jerarquía del vestuario y Ronaldinho formó con Eto'o y Messi

El brasileño y Xavi marcaron los goles de un equipo que dio un paso atrás en su juego

Aunque marcó de penalti, Ronnie continúa paralizado y ejerciendo de francotirador: amaga y amenaza, le miran y le aguantan, para acabar por soltar la pelota para atrás o poner una comba, unas veces corta y otras larga. Eto'o reapareció seguramente a destiempo como titular: se exigió demasiado y se desfondó sin tirar a portería después de ofrecerse cada vez que los medios pasaban la divisoria. Y Messi dio un paso atrás, como si se sintiera rebajado por la presencia del camerunés y el brasileño, siempre acosado en dos contra uno: la pulga no tuvo galones y jugó como un soldado más de una tropa descabezada.

Rijkaard tocó demasiadas teclas, alguna por obligación y otras por devoción, y el Barça fue un equipo irreconocible y desconectado durante largo tiempo. Ni pintaba ni elaborada el juego, sino que calentaba en su cancha, como si aguardara a que le presentaran a su propia hinchada, falto como estaba ayer el barcelonismo de tensión competitiva, desmoralizado por el triunfo del Madrid, a disgusto con una ventolera que invitaba a resguardarse en casa tras el puente. Hasta Valdés se desentendió del partido y saludó a mano cambiada un disparo cruzado de Cristian que acabó en gol. Igual resulta que el aire le dio vuelo a la pelota y despistó al meta, quien, en cualquier caso, respondió con una pirueta nada ortodoxa, fuera de lugar.

El gol avaló la organización defensiva del Deportivo, un equipo, por otra parte, inestable, como quedó expresado en el cambio de guardameta después del error que tuvo Aouate la semana pasada en Riazor. Salió Munúa y respondió a la confianza de Lotina con tres paradas a un tiro libre de Ronnie en la única ocasión que contaron los azulgrana en media hora. Reapareció Ronnie y el Barça se paró de nuevo en exceso, más pendiente de la falta que del pase o el desborde, incapaz de abrir la cancha, de penetrar en campo ajeno. Juntó bien las piernas la zaga gallega y con su juego de presión no concedía espacio ni remates.

Pintaba mal el partido para el Barcelona, sin llegada ni arrebato, cuando apareció Iniesta y se paseó por la línea de fondo como un pajarito por el balcón y le sacó un penalti a Cristian. No falló Ronaldinho y respiró el barcelonismo, que quedó a la espera de tiempos mejores. Removió el entrenador la alineación en el descanso con la entrada de Deco por Zambrotta y el equipo ganó agresividad y fluidez a cambio de quedar más expuesto ante un contrario que funciona mejor en campo ajeno que propio.

El partido se convirtió entonces en una ruleta rusa, con llegadas en las dos áreas, circunstancia que delató la poca autoridad del Barça. Desbocados unos y otros, jugadores como Verdú y Cristian tuvieron tanta presencia ofensiva como Ronaldinho y Eto'o, agotado y sustituido por Bojan. El gol de la victoria azulgrana llegó con el ariete catalán en el área. Puyol progresó por la banda, Bojan atacó el centro, Munúa metió la mano y Xavi la empujo a la red. Una jugada del manual. El alivio azulgrana fue tan monumental que el equipo se cerró mientras la afición pedía la hora. Los días malos pasan mejor con las victorias mínimas. Regresó el Barça al pasado.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 10 de diciembre de 2007