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Crítica:TANGO

Un tándem soberbio

Barcelona es un buen puerto de acogida para tangueros con ideas. Históricamente siempre ha sido así, y tras lo visto el viernes por la noche, lo sigue siendo. La sala mediana del Auditori se llenó para recibir a Marcelo Mercadante, y no sólo se llenó de público, sino que se llenó de calor y de entusiasmo. En ambos casos comprensible porque el concierto fue tan denso como bello.

El bandoneonista y compositor bonaerense afincado en la capital catalana presentaba en sociedad su último trabajo discográfico, titulado Suburbios del alma, uUn ambicioso proyecto de tango canción para el que ha contado con la colaboración de diversas voces, algunas de las cuales le secundaron en el escenario del Auditorio.

Marcelo Mercadante

Auditori, 30 de noviembre.

Así, Lidia Borda llegó desde la misma Buenos Aires para mostrar en varios temas un gusto exquisito, al que sólo le faltó algo de la enjundia que se esconde en los textos del poeta Pablo Marchetti, responsable, junto con Mercadante, de todos los temas el disco.

La rabia que le faltó a Lidia Borda la exteriorizó Francisco Ríos Palacios, y Elba Picó cantó con su elegancia y nervio habituales una sola canción que supo a poco.

Poveda y el bandoneón

Miguel Poveda, flamante Premio Nacional de Música, tuvo más suerte con el repertorio. Dejando de lado su rajo flamenco, pero no su profundo sentimiento, Poveda bordó cada una de sus intervenciones llevándolas hasta el límite del estremecimiento. A su lado el bandoneón de Mercadante gemía y lloraba con la misma intensidad: un tándem soberbio.

No todo fueron canciones en el concierto del pasado viernes, Mercadante recuperó también alguno de sus tangos instrumentales anteriores, en los que el espíritu de Piazzolla estaba mucho más presente.

Acompañado por su grupo, el Quinteto Porteño, y con la ayuda, en algunos temas del concierto, del percusionista Roger Blavia, Marcelo Mercadante ofreció una actuación cálida, densa, sin excesos ni fáciles arrebatos de virtuosismo, pero repleta de destellos de colores.

Fue una muestra magnífica de ese sentimiento que comparte con Poveda. Todo el grupo sonó conjuntado y preciso, destacando una vez tras otra el violín de Olvido Lanza, contrapunto perfecto al bandoneón de Marcelo Mercadante.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 3 de diciembre de 2007