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Crónica:

Pareja de maestros

Ferrer y Nadal alcanzan las semifinales de Shanghai tras dos partidos impecables

Dos vidas separadas por los títulos, el márketing y la bolsa de premios convergieron ayer en Shanghai: David Ferrer y Rafael Nadal, albañil y estrella del tenis, se clasificaron para las semifinales del Torneo de Maestros tras un paseo. Ferrer, un tenista que vivía con el riesgo de ser filósofo, siempre dudando, ganó al francés Richard Gasquet (doble 6-1) y demostró que es un jugador convertido en apisonadora. No pregunta. No duda. Aplasta.

El alicantino perdió el servicio a la primera y respondió ganando ocho juegos seguidos. Su exhibición dejó a Gasquet deprimido, anunciando que antes jugaría dos veces con Roger Federer que una con Ferrer. El chico está en trance. Juega enmarcado en el aura que rodea a los tenistas temibles. Y ya espera en semifinales al chileno Fernando González o al estadounidense Andy Roddick. Nadal, por su parte, jugará contra Roger Federer o González pese al susto que le dio un invitado sorpresa en su partido con el serbio Novak Djokovic (doble 6-4).

Se llama Pascal Maria, es francés y juez de silla, y ayer se convirtió en protagonista secundario de una tragicomedia. El número dos servía para defender un punto de break que le dejaba a las puertas de la tragedia (6-4, 4-3). El ambiente era eléctrico. Animal. El español rebuscó en un manual no escrito, el que domina las esquinas oscuras del juego. Paró el reloj entre un subir continuo de calcetines. Maria le amonestó por perder tiempo.

Nadal respondió con un punto que mezcló la dureza del pegador, la defensa del optimista impenitente y el remate de un artista. Fue el juego que cerró la tragedia. Casi todo lo demás engordó una estadística de comedia: Nadal ganó cuatro juegos en blanco, cedió un solo punto en otros dos y tuvo ocho bolas de break ante un rival que cometió 33 errores no forzados. Djokovic, que ya estaba eliminado, se pasó la víspera en un campo de golf.

"No creo que él haya salido a dar nada", reflexionó el número dos, "aunque desde dentro a veces se ve diferente. Quizás ha cometido algún error en el saque: es la única cosa en la que le he visto peor que otras veces. Yo he jugado a un nivel muy alto". ¿Y la amonestación? "Siempre soy el más perjudicado en ese aspecto", se quejó. "Me pasa como a Davydenko, que me tienen encasillado. Me había avisado, así que ninguna queja. Yo intento llevar mi ritmo: hay que pensar bien un punto tan importante", cerró.

Nadal tiró con cemento y Ferrer, con plomo. El alicantino, dice Javier Piles, su técnico, navegaba ahogado en una peligrosa tendencia: "Ganaba batallas, no guerras". Ahora es un estratega. "Ha sido horrible", explicó Gasquet. "Corre mucho, no falla ninguna... Puede ganar el torneo. Me ha dado miedo. Es un jugador increíble. Prefiero jugar dos veces con Federer antes que una con él. No comete ningún fallo. Juega muy bien, muy rápido. Es impresionante. Duro. Juega extremadamente bien. Es excepcional. En dos o tres años, si trabajo muy duro, podré batirle".

Después de que Gasquet dijera que saldría por la noche para olvidar la derrota, habló Ferrer. No coincidieron en nada. "El resultado no es normal. Es ilógico. Él no ha jugado a su mejor nivel, si no es imposible. Yo he jugado muy bien porque me ha dejado. Ha agachado pronto la cabeza. No me esperaba llegar a semifinales... Sería un sueño ganar este torneo".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 16 de noviembre de 2007