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El arzobispo de Granada gasta 1.940 euros en publicitar su homilía

El prelado defiende su inocencia en dos anuncios ante el juicio que afronta hoy

Inocente o culpable, el arzobispo de Granada, Francisco Javier Martínez, hará hoy historia al convertirse en el primer prelado juzgado en España. Esta mañana se sienta en el banquillo acusado de un delito de injurias, calumnias, acoso moral, lesiones y coacciones que le atribuye un sacerdote.

El morbo mediático está servido en bandeja y Martínez será juzgado por Miguel Ángel Torres, magistrado instructor del caso Malaya, que regresa a los titulares tras su depuración a la corrupción en Marbella.

El arzobispo dedicó su última homilía a la persecución religiosa en España

Consciente de la repercusión del caso, el arzobispo ha invertido 1.940 euros en dos anuncios en diarios locales de Granada para difundir su postura sobre la polémica, que le puede costar una abultada multa y consecuencias imprevisibles en su papel ante la Iglesia. "Ya os imagináis que es un suceso bien doloroso, como saben los miles y miles de personas que han pasado o pasan diariamente por esta prueba. Os ruego que oréis por mí", pidió ayer. La insólita publicidad reflejaba fragmentos de la última homilía pronunciada por el arzobispo el pasado domingo, en la que se explayó acerca de "la persecución religiosa en España" durante la década de los años 30 del siglo XX.

La vista oral será intensa pero breve. Sólo un imputado y dos testigos para determinar la gravedad de unas supuestas injurias y calumnias vertidas por el arzobispo en una carta en la que acusaba al ex archivero, Francisco Javier Martínez Medina, de una apropiación indebida y de quedarse con los derechos de propiedad intelectual de un libro sobre la Catedral de Granada. La defensa del sacerdote solicita una multa de 45.000 euros y alega que desde su despido como archivero capitular de la Catedral sufrió un cuadro ansioso depresivo. La causa no está nada clara a priori y la Fiscalía ha pedido la absolución del arzobispo.

El controvertido prelado llegó a la ciudad en 2003 y desde entonces ha encadenado un escándalo tras otro debido a su conservadora doctrina y fuerte carácter. En su última homilía presentó su lado más humilde: "No escandalizará saber que soy frágil, como todos los humanos, y como todos tengo necesidad de la misericordia del Señor". Pero su carácter presenta con mayor frecuencia otra cara bien distinta para la legión de detractores que acumula. "Va de mártir y eso es lo más peligroso. Es arrogante pero sobre todo maquiavélico. En los arciprestasgos (reuniones para debatir el estado de la Diócesis) siempre toma nota pero guarda silencio ante las críticas", censura uno de los 132 curas que firmaron un documento que reprobaba su gestión al frente de la Archidiócesis. "Me sorprende y aterra la seguridad que tiene para no pedir perdón a nadie nunca", añade.

Las críticas hacia este ex profesor cosmopolita de la Universidad Católica de Washington, elevan a veces incluso su dureza, aunque siempre están combinadas con alabanzas hacia su contundente poder de seducción. "En aquel momento me convenció. Es un maestro en el arte del engaño y después de adoptar una actitud soberbia y prepotente cambió su actitud apelando al Derecho canónigo", relata uno de los vecinos de Albuñol a los que explicó las razones para apartar al joven y querido cura que el pueblo se negaba a dejar marchar el pasado verano.

Finalmente, Martínez desplegó su dura diplomacia y tras advertirles de que no avisaran a la prensa, dio un giro inesperado y solícito acudió ante los fotógrafos para estampar besos y abrazos frente a las cámaras. "Empezó amenazador y echándonos la culpa de todo para luego cambiar de discurso. Es un lobo con piel de cordero", apostilla otro vecino. Al juicio de hoy acudirán treinta periodistas para relatar su combate dialéctico más público y notorio.

Inusitada campaña

- El arzobispo de Granada dejó entrever en su inusitada y breve campaña de marketing la posibilidad de resultar condenado en el proceso que se inicia hoy en el Juzgado de lo Penal 5: "Aunque nunca he querido conscientemente hacer el daño a nadie, ni he deseado el mal de nadie, todos podemos equivocarnos y ofender aun sin quererlo. Los cristianos sabemos muy bien esto", planteó.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 14 de noviembre de 2007

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