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Análisis:A la parrilla

Entrenadores personales

Por el momento es una especialidad de Cuatro, casi una exclusiva, pero el llamado formato coach también empieza a tener presencia y audiencia nada desdeñable en nuestro paisaje audiovisual. Ahora es Supernanny, SOS adolescentes y Terapia de pareja (La Sexta), pero no olvidemos los pioneros espacios con entrenador personal de la temporada pasada, como Desnudas, Soy lo que como, La casa de cristal o el reciente ¡Qué desperdicio! que presentaba la estupenda Raquel Sánchez Silva.

Lo curioso es que son las dos cadenas privadas más nuevas (primas hermanas aunque estén en pie de guerra) las que se decidieron aquí por este formato coach, que es, por encima de todo, un típico producto de la televisión de servicio público, mientras que las públicas propiamente dichas, excuso decir las otras, pasan de la figura del entrenador personal y sólo lo utilizan para los ensayos de ¡Mira quién baila! o para cotillear de los coach de las famosas, y no sólo el de Anita Obregón, en esas agotadoras tertulias del corazón que se muerden la cola.

A todos nos gustaría tener un entrenador personal para resolver los odiosos pequeños problemas de la vida cotidiana, y ese concreto lujo señala la frontera actual entre las minorías pudientes y todos los demás, al margen del famoso yate atracado en puerto Mediterráneo, que, por cierto, también exige mucho coach náutico. Por esa simple razón es muy de agradecer que las teles nos ofrezcan gratis total los servicios de un carísimo entrenador personal al que nunca podríamos pagar de nuestro bolsillo, y espero que la nueva moda contagie al resto de las cadenas.

En cuanto a los otros espacios televisivos con entrenador, los deportivos, otra vez nos han demostrado esta semana que sin hablar y rumorear del coach, especialmente de las declaraciones o silencios del agobiado Schuster, no tienen nada mejor para cosechar audiencias.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 11 de noviembre de 2007