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Reportaje:

Paisaje quemado antes de la batalla

Los griegos del Peloponeso acuden hoy a votar marcados por los incendios y con la duda de apoyar al Gobierno o a la oposición

El Peloponeso, corazón de Grecia y de los mitos que alimentan la cultura occidental, ya no echa humo; sólo es un paisaje desolado que huele a ceniza e indignación. En él eligen 33 de los 300 diputados del Parlamento, que hoy podrían ser decisivos en la formación del Gobierno. Algunos, como Gregoris, que vive en Artémida, un pueblo que enterró a 17 de los 67 fallecidos en los incendios de agosto, no ocultan su rabia ante las elecciones: "No voy a votar. Incluso le he pedido a mi hija que venga a verme desde Atenas para que tampoco vote ella".

En la plaza del pueblo se reúnen los vecinos en espera de la llegada del rancho que, dos veces al día, sube desde una camioneta militar desde Zajaro. "El Gobierno no tiene la culpa. El Pasok no lo hubiera hecho mejor", afirma Nicos Burogianopulus. Otros prefieren hablar de los 50.000 olivos, muchos centenarios, quemados hasta la raíz, y de los años que tardarán en recuperar la producción de aceite. "También murieron los animales, domésticos y salvajes. No hay perdices ni liebres. No hay nada. Incluso se me quemó mi escopeta de caza, que era española", señala Gergios Dimitradopulos.

"No hablo de política con la catástrofe de mi pueblo", señalan las autoridades locales

Al otro lado de un valle en el que ardió hasta la tierra, está el pueblo de Anílio. En la misma mesa en la que la viuda del guarda forestal Manis Siordinis recibió los pésames hace 10 días, se sienta Kosta Rufas, amigo de la familia. Está convencido de que la mala organización favorece al Pasok. "Los hidroaviones aparecieron cuando se había quemado todo", manifiesta. "El Gobierno pagó rápido para que no afectara a los votos", añade. Recuerda el caso de Amaliada, donde el candidato de Nueva Democracia (ND) repartió el dinero y animó a votar al actual Ejecutivo conservador.

"Somos la generación de la Politécnica [el levantamiento contra la junta militar en 1973 que comenzó en dicha universidad]. No cambiamos nada. Hemos fracasado. Ahora somos parte del problema. Es cierto que se necesita una nueva transición, pero los jóvenes de hoy no están interesados en la política. Ni siquiera compran periódicos. Culpan a los principales partidos, para ellos son caras de la misma moneda", asegura Chritos Memis, redactor jefe de To Vima (La Tribuna).

En Grecia perviven corruptelas como el enchufismo, piedra angular del Estado clientelar. Las elecciones representan una pasarela de candidatos a diputado que viajan y estrechan manos, escuchan peticiones y hacen promesas individualizadas. Una dificultad con la que se ha topado el Pasok en esta campaña dominada por los fuegos, más en el debate periodístico que en el popular, es su incapacidad de presentarse como la solución del Estado deficiente que tanto ayudaron a levantar en sus dos Gobiernos (1981-1989 y 1993-2004).

A media hora de Artémida y Anílio está Nea Frigalia, que se libró de milagro de las llamas. "El pueblo organizó una brigada de voluntarios. No evacuamos. Luchamos y salvamos las casas", explica su alcalde, Gianis Pipilis, de 70 años y de un partido independiente. Si se le pregunta por las elecciones, replica: "Estamos de luto. No hablo de política con la catástrofe de mi pueblo". Es una respuesta que repiten las autoridades en cada pueblo, como si temieran que la contestación pudiera condicionar otras ayudas en manos de no se sabe aún qué Gobierno.

En una mesa del colmado donde recibe Pipilis, los bomberos Egicimios Tsutas y Nicos Binioris explican que la culpa fue del fuerte viento y de las piñas que salían disparadas hasta 500 metros. "Era imposible luchar contra unas llamas que volaban en varias direcciones. Ni los cortafuegos hubieran podido evitarlo. Ningún Estado puede estar preparado para algo así", opina el primero.

Tsutas y Binioris son dos de los 5.500 bomberos eventuales que esperan la fijeza desde hace años. Cobran 800 euros por cada uno de los cinco meses de trabajo, la mitad que uno en plantilla. Nunca recibieron entrenamiento y se han de pagar el uniforme de su bolsillo. Llevan así ocho y 13 años, respectivamente. El Gobierno les ha prometido ocho meses de contrato y cuatro de desempleo. Votarán por el partido del primer ministro, Costas Karamanlis, igual que los cinco ganaderos que beben con ellos la excelente cerveza Mithos.

"Los 3.000 euros no sirven ni para construir un corral", se queja uno de ellos, quien tras relatar sus cuitas, añade: "De todos modos, tres años y medio es poco. Karamanlis se merece la oportunidad de otros cuatro. El Pasok tuvo la suya y ahora le toca esperar".

Unas elecciones reñidas

Las últimas encuestas que circulan secretamente por Atenas en la víspera de las elecciones legislativas de hoy -su publicación está prohibida dos semanas antes-, auguran que Nueva Democracia (ND) ganará por una diferencia entre dos y cuatro puntos con una proyección del 42% al 44% de los votos y 154 diputados de los 300 que componen el Parlamento unicameral griego.La clave es la extrema derecha de la Alianza Popular Ortodoxa, que se mueve en una peligrosa horquilla, entre 2,9% y 3,5% (necesita superar el 3% para entrar en el Parlamento). Sus votantes más pragmáticos empiezan a regresar a ND. Es el voto útil por la derecha. El partido comunista se situará entre el 6,5 y el 7% y los eurocomunistas de Sinapismós Syriza llegarán al 4,5%, según las mismas encuestas. El gran perjudicado sería el Pasok, que podría terminar por debajo del 40%.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 16 de septiembre de 2007

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