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Reportaje:

Violencia simulada 'made in USA'

Más de 15.000 personas, la mayoría niños, asisten a un espectáculo de 'pressing catch' en el pabellón olímpico de Badalona

Una marea humana tomó el jueves el pabellón olímpico de Badalona para asistir a un espectáculo made in USA que, a tenor de la masiva afluencia -se vendieron 15.000 entradas, las más caras a 125 euros-, goza de un gran fervor popular. Se trata del pressing catch, un modo de lucha libre en la que dos hombres musculosos se enfrentan con gran virulencia sobre un cuadrilátero. Pero sin consecuencias: todo es de mentirijilla y, además, el vencedor del combate está pactado de antemano por la organización.

El wrestling llegó a España en los años noventa, de la mano de la televisión. Lo puso de moda el antagonismo entre dos rivales: el Último Guerrero -una especie de hombre salvaje- y Hulk Hogan, una suerte de vikingo enorme y con bigote. Hoy ha regresado con fuerza, también de la mano de la pequeña pantalla. La receta es idéntica: explotar el concepto de espectáculo. Sólo los personajes han cambiado: Rey Misterio y Batista son ahora los que atraen la atención de miles de niños.

Jaume es un niño tímido. Sus padres le han llevado a Badalona a ver este circo de violencia simulada. "Cada fin de semana se levanta para verlo", dice su padre, sonriente. El crío se atreve finalmente a hablar. Su favorito es el corpulento Batista. Pero, al asistir al espectáculo en directo, Jaume se ha dado cuenta de algo: que los golpes quizá no son tan de verdad como en la tele. "Sí que se dan, pero exageran", dice.

Los miles de niños y adolescentes que visten las camisetas con las fotografías de sus ídolos sueñan poder hablar con ellos y verlos de cerca. Minutos antes de empezar su particular show, Rey Misterio y Batista acuden a su cita con la prensa. Como las superestrellas que son, se hacen de rogar. Llegan una hora tarde. Algunos supuestos periodistas "especializados" en wrestling también parecen entusiasmados. "Majestad, ¿podría firmarme este cinturón?", dice uno de ellos a Batista.

Este luchador y antiguo portero de discoteca en Washington es una bestia parda, con un cuello de paquidermo y unas espaldas tan anchas que bien podría haberse apodado Platón. Su voz no es grave, es gravísima. De cine. A su lado, Rey Misterio parece todavía más pequeño de lo que en realidad es. Pero posee un rasgo que le hace diferente a los demás: siempre aparece enmascarado.

Lejos de buscar greña ficticia para calentar el combate, los dos atletas hablan con una sensatez que sorprende al profano. "Esto es un espectáculo, una obra de teatro que busca entretener. Por eso has de luchar y crear un personaje. Pero cuando llego a casa quiero estar con mi mujer y mi hijo", dice en español de México Óscar Gutiérrez, nombre real de Rey Misterio. "Mi hijo siempre quiere luchar contra mí; yo le regaño porque es peligroso".

Tras su paso por Madrid y Valencia, la ruta española de la World Wrestling Entertainment culmina en Barcelona. Con sede en Connecticut, esta empresa norteamericana factura cada año 420 millones de dólares. Es un negocio rentable que se nutre del merchandising, de los derechos de televisión y de las giras itinerantes. Es la segunda vez que la WWE visita Barcelona y ahora espera "abrir mercado en España", asegura su directora de comunicación, Claire Murphy.

Los gladiadores se preparan para entrar. El ambiente en el pabellón está enloquecido. Música a todo trapo (rock, heavy) amenizan la espera. En el cuadrilátero aparece la despampanante diva Lilian García. La mujer hace tiempo que pasó la veintena, pero aun así ríe todo el rato como una adolescente. A medio camino entre Ana Obregón y Paulina Rubio, encarna el prototipo de rubia californiana. Su top ceñido y sus pantalones cortos despiertan los bramidos de los seguidores.

El primer luchador de una larga serie es Matt Hardy, algo así como el duro. En la rueda de prensa se ha mostrado como alguien sereno y preocupado por el ejemplo dado a los niños: "Un gran poder conlleva una gran responsabilidad". La frase suena a Winston Churchill, pero un compañero saca a este periodista del error: "Es de Spiderman".

En el estadio, en medio de cientos de flases que convierten el escenario en discoteca, Hardy se transforma en un guerrero implacable. Y carismático. Lucha contra otros dos tipos forzudos que, con sus chupas de cuero, parecen sacados de la película Grease. El esquema narrativo es previsible. Hardy está a punto de ser derrotado en tres ocasiones (1, 2...), pero se impone tras superar las traiciones de sus rivales, que no dejan de provocar al público. Puro teatro.

Que la técnica de los atletas es depurada es algo evidente. Que los golpes son de broma, también. Se ve con claridad, y más a escasos metros del cuadrilátero. Aun así, el sonido de las espaldas golpeando bruscamente la lona no deja de provocar dolor. Cada vez que esto ocurre, el público enloquece y el estadio donde juega la Penya se convierte en un Coliseo del siglo XXI. Eso sí, simulado.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 16 de septiembre de 2007