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Crítica:

Morales por naturaleza

El holandés Frans de Waal se plantea en Primates y filósofos si nuestra moralidad es fruto de una elección o de un destino natural. La respuesta del director del Yerkes Primate Center de Estados Unidos es que no nacemos con ninguna norma moral en mente.

¿Ser seres morales nos distingue o nos acerca a los animales? Es decir, el germen de nuestra moralidad ¿estaba en nuestros ancestros evolutivos y lo compartimos con los grandes simios actuales o, sencillamente, es una novedad evolutiva exclusiva de los humanos? Si es una fina capa que recubre muy al final la cebolla de nuestro ser o está en el interior de cada uno de nosotros, como las instrucciones para aprender a hablar, la cuestión está en plena efervescencia. Filósofos, etólogos, evolucionistas y primatólogos discuten en este libro si la moral es una originalidad humana estudiando los comportamientos de los simios y analizando cuánto hay en ellos de moral, cuánto de decisión y cuánto de instinto.

PRIMATES Y FILÓSOFOS. La evolución de la moral del simio al hombre

Frans de Waal

Traducción de Vanesa Casanova Fernández

Paidós. Barcelona, 2007

256 páginas. 16 euros

No es un libro sencillo, aunque sí es apasionante, como es apasionante saber si nuestra moralidad, distinguir lo bueno y lo malo, es una elección o un destino natural. Frans de Waal se plantea estas preguntas con el bagaje de muchos años de trabajo con simios, con miles de horas de observaciones suyas y de otros colegas para analizar el sentido de la justicia en los bonobos (los chimpancés pigmeos) y la manera en la que las hembras de chimpancé común liman las disputas entre los machos, entre otros muchos comportamientos que, a primera vista, diríamos exclusivamente humanos. No en vano los humanos no dejamos de ser, para Jared Diamond, el tercer chimpancé.

Además del texto de Frans de Waal, basado en las Tanner Lectures que impartió en la Universidad de Princeton en el año 2004, se incluyen en el libro cuatro comentarios críticos de los filósofos Christine M. Korsgaard, Philip Kitcher y Peter Singer, y del periodista científico Robert Wright, que a su vez son refutados por De Waal. Un diálogo rico e interesante que hace avanzar el libro de una manera muy peculiar y que permite volver a las ideas expuestas con otro nuevo giro.

No hay duda, para De Waal,

de cuál es la respuesta a estas dudas: "Las normas morales no están grabadas a fuego en el genoma. (...) No nacemos con ninguna normal moral concreta en mente, sino con una agenda para el aprendizaje que nos indica qué información debemos absorber. (...) Debido a que una agenda para el aprendizaje similar es la que subyace en la adquisición del lenguaje, veo algunos paralelismos entre los fundamentos biológicos de la moralidad y los del lenguaje". Miles de horas estudiando muchos tipos de monos avalan la hipótesis del primatólogo.

Para él las posibilidades están ahí, como está la capacidad de los humanos para aprender una lengua al nacer, sea cual sea. Y están ahí, formando parte de nuestra condición humana porque "toda moralidad humana forma un continuo con la sociedad de los primates". Frans de Wall (Holanda, 1948), profesor de la Universidad de Emory (Atlanta, Estados Unidos), es psicólogo, primatólogo y etólogo, y autor de La política de los chimpancés. Para De Waal, nuestros sistemas morales "no están transformando radicalmente el comportamiento humano: sencillamente, potencian capacidades preexistentes". De Waal, acusado por sus críticos de haber antropoformizado sus investigaciones y sus conclusiones al juzgar desde la óptica humana comportamientos animales, asegura, tras distinguir el buen y el mal antropomorfismo, que "el antropomorfismo asume las existencias de experiencias similares en humanos y animales, que es exactamente lo que cabría esperar en el caso de que hubiera procesos subyacentes compartidos".

En algunos pasajes la disputa

conecta intelectualmente con No piense en un elefante, de George Lakoff, y la reflexión del modelo de familia, y de sociedad, para los demócratas y los republicanos en Estados Unidos. La naturaleza es buena y sólo hay que encaminar a los niños con afecto o el mal está ahí y hay que saber defenderse de él. Es la naturaleza la que nos dota de la capacidad de distinguir el bien y el mal, que ha de ser potenciado por la sociedad o, por el contrario, ser humanos es, precisamente, combatir todo el mal que está ahí afuera. La moral, la política y la ideología, después de todo, también las compartimos con los chimpancés.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 15 de septiembre de 2007

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