Cartas al director
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La Cope y los papas

Cuando voy a Galicia, la Cope se me mete en la antena de la radio al pasar por la provincia de Valladolid. La oigo un rato, pero por pura curiosidad masoquista. Oyéndola recuerdo que León XIII, en sus numerosas encíclicas, hacía una doble y constante recomendación a los periodistas: "No ofendáis a vuestros lectores con un lenguaje intemperante" y "no pongáis la causa religiosa al servicio de un partido político o de un interés de grupo con daño del bien común".Si León XIII levantara la cabeza y oyera a la Cope, que financian sus amados colegas en Cristo, los obispos españoles, se volvería a morir del susto. Hoy, como ayer, León XIII va por un lado y los obispos españoles, siglo y medio después, van por otro. De hecho, cuando publicó su encíclica Rerum novarum (1891), que trataba "De las cosas nuevas", un primer intento de aggiornamento de la Iglesia romana, en las iglesias españolas se hicieron rogativas pidiendo a Dios la "conversión del Papa", porque ¡se había vuelto socialista! A nadie puede sorprender que con esa clase de obispos en España pasara luego lo que pasó.

Con Juan XXIII hubo un segundo intento de aggiornamento: el Conciclio Vaticano II. Otro nuevo soplo de aire fresco hasta que, cuando estaba quitando todo el moho de la Iglesia, llegó Juan Pablo II y volvió a cerrar la ventana. Ahora, Benedicto XVI le está poniendo la tranca para que ni aunque haya una tormenta se vuelva a abrir.

Aun así, no creo que Benedicto XVI sea capaz de soportar lo que dice la Cope durante 15 minutos. Para eso hay que ser mucho más que, simplemente, un obispo de Roma. Benedicto XVI podrá ser más o menos integrista, pero lo que nadie le niega es que es un obispo inteligente y bien educado.

* Este artículo apareció en la edición impresa del domingo, 26 de agosto de 2007.

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