Reportaje:NEGOCIOS

Las Vegas en Florida

Los semínolas convierten su reserva en el 'otro Hollywood' en centro de un imperio de casinos, hoteles y restaurantes. Hard Rock es la joya de la corona.

Jesús murió por todos, sin excepciones". Esta frase rezaba en el cristal trasero de uno de los muchos todoterreno que inundan las autopistas de Miami, en la I-95, arteria principal norte-sur que surca el este de la Florida. A 30 millas hacia el norte, el creyente cristiano no se desvió en la salida de Stirling Road porque quizá sus convicciones no le permitían torcer hacia el oeste y visitar un lugar inapropiado para ellas: el casino-hotel Hard Rock de los indios semínolas, el emporio de juego y diversión, con lago, teatro para conciertos, veladas de boxeo o peleas extremas, cines, museo, una laguna para exhibición de lucha con caimanes, y medio centenar de tiendas, restaurantes y clubes nocturnos.

El gran casino-hotel es un emporio de juego y diversión, con lago, teatro, cines, museo y clubes

Ya es el centro de la cadena Hard Rock, comprada por 750 millones de euros el pasado diciembre por la tribu que hace 500 años se defendía con arcos y flechas de los invasores españoles y hace 200 aún guerreaba con los estadounidenses. Son los frutos de su reconquista desde el sureste, que incluyen otro casino-hotel en Tampa, cinco hoteles más en Florida y 120 cafés por todo el mundo. Para dar el toque más exótico, seudocinematográfico, se encuentra en una ciudad llamada Hollywood, como la meca del cine, aunque hay más parecido como la meca del juego: Las Vegas, en Florida.

Un cartel cerca de la entrada de varios clubes nocturnos en la reserva del siglo XXI anuncia que los visitantes, por su seguridad, deben mostrar su documentación si se lo pide la policía semínola que tiene competencias por ley en Florida. Es una de las concesiones a los primeros habitantes, como también el negocio del juego, muy restringido en un Estado que se debate siempre entre sus beneficios para bajar impuestos y el perjuicio por el riesgo de corrupción. Pero el caso de los semínolas es emblemático. Son ya los más ricos de los 4,3 millones de indios que distribuidos en 561 tribus viven en 30 Estados del país en un área de 225.000 kilómetros cuadrados, el equivalente a casi la mitad de España. Del medio millar de tribus, 220 gestionan 320 casinos. También en Miami, mucho más cerca de los Everglades, la zona suroccidental pantanosa, tiene casino y hotel otra tribu, los Miccosukees, pero con un volumen de negocio muy inferior.

Las inversiones de los semínolas, aunque el 90% provengan del juego, abarcan también ganadería (vacas para rodeo, otro deporte-juego), cítricos, tabaco y turismo. Con el trabajo en el campo sobrevivieron hasta finales de los años setenta. En 2006, con 1,6 billones de euros movidos en el negocio del juego, se repartieron hasta 60.000 euros anuales por miembro, es decir, sueldos mensuales entre 3.000 y 5.000, según las ganancias.

Los semínolas, aparte de su máximo Consejo Tribal, que no ha permitido en mayo volver a James Billie, peculiar jefe, cantante y cazador de cocodrilos que los lanzó al negocio hasta el 2003, pero que "cambió de sitio" 46 millones de euros, tienen una sociedad, Seminole Gaming, la promotora para las apuestas y el juego. Pese a su estatuto especial como comunidad, son ciudadanos estadounidenses a todos los efectos. Pagan impuestos individuales, pueden alistarse en el ejército y votar. Incluso tienen un periódico, The Seminole Tribune, y pueden emitir bonos libres de impuestos.

Una frase de los Beatles decora el frontal de la recepción del casino-hotel Hard Rock, en Hollywood: "Al final, el amor que recibes es igual al que das". Está casi encima de decenas de mesas de póquer y de máquinas tragaperras con listas de espera. Detrás, hasta se sortean coches en medio de vitrinas con recuerdos para los mitómanos, desde dos trajes de Elton John hasta unos vaqueros agujereados y que debieron ser rosados de Elvis Presley, unas botas de John Lennon y muchas guitarras hard-rock,, incluida una de Sting.

Pero al final queda una cierta sensación de medio pelo en la Reserva Seminola. Mucho dinero y poco glamour. Nada de Montecarlo y bastante de aluvión. Hasta algo insólito en un hotel de lujo: desde la sala del casino se puede pasar, sin problemas, a la piscina del hotel, donde huéspedes de postín tienen cabañas, chickees indias, con televisión... pero a la vista de todos. Y sin privacidad. Por lo visto, sólo la hay en las habitaciones. Quizá por eso Anna Nicole Smith, la ex conejita de Playboy de vida turbulenta que murió en el hotel el 8 de febrero para darle aún más morbo al lugar, podría haber estado allí, pero no bajó. Se quedó en su suite de 600 dólares la noche para partir a otro lugar desde el que también se anuncia como El Paraíso Seminola. La suite 607 ya no existe. Los semínolas la han destruido y un brujo ha limpiado los malos espíritus. No vaya a ser que se les enturbien los negocios.

Un grupo de semínolas celebra en diciembre de 2006, en la marquesina del Hard Rock Cafe de Times Square (Nueva York), la compra de la cadena.
Un grupo de semínolas celebra en diciembre de 2006, en la marquesina del Hard Rock Cafe de Times Square (Nueva York), la compra de la cadena.AP

Siempre en guerra contra el imperio

LA HISTORIA DE LOS INDIOS SEMÍNOLAS es todo un ejemplo de supervivencia. Tribus diseminadas por toda la zona, y muchas de ellas feroces, poblaban la península de la Florida a la llegada de los españoles a principios del siglo XVI. Entre todas destacaban ya los semínolas, fuertes y grandes arqueros, temibles por su precisión con las flechas para cazar y pelear. Adoradores lejanos del sol, monógamos y con un sentimiento arraigado de su independencia.

Los semínolas han sido protagonistas siempre. Libraron tres guerras con el ejército de Estados Unidos. Tras una primera, en 1816, su legendario jefe Osceola se negó a firmar la ley que en 1830 los arrinconaba en reservas. En 1835 empezó la segunda guerra y el éxodo de buena parte de su pueblo hacia el norte, a Oklahoma, donde hay 10.000 descendientes.

Osceola fue detenido y murió en prisión, pero nunca firmó un tratado de paz con Estados Unidos. Incluso hubo una tercera confrontación, de 1855 a 1858, cuando el Gobierno cedió en sus intentos de desalojar a todos los semínolas de Florida. Los 3.200 que viven ahora en seis zonas, desde los Everglades hasta el lago Okeechobee, los grandes pulmones vegetal y acuático floridanos, son los agraciados descendientes de aquellos que resistieron. Y se agrupan en ocho clanes con nombres sonoros. Dos grandes: Pantera y Clan X. Y seis más pequeños: Oso, Pueblo Grande, Ave, Venado, Nutria, Serpiente y Viento.

Los semínolas es el único pueblo indio aún en guerra teórica con el imperio. En la práctica, pelean ya con sus mismas armas capitalistas y hasta ganan batallas. El día 21 celebrarán el 50º aniversario de su Constitución.

Max Osceola júnior, representante de la tribu en la conferencia de prensa dada en el Hard Rock neoyorquino de Times Square, dijo tras la gran compra de diciembre: "Nuestros antepasados vendieron Manhattan por baratijas [el equivalente a 500 euros] al holandés Peter Minuit. Ahora nosotros volvemos para comprar la isla hamburguesa por hamburguesa". En su tierra, en Florida, reparten juego hace más tiempo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del sábado, 11 de agosto de 2007.

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