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Análisis:HUMORISTAS
Análisis
Exposición didáctica de ideas, conjeturas o hipótesis, a partir de unos hechos de actualidad comprobados —no necesariamente del día— que se reflejan en el propio texto. Excluye los juicios de valor y se aproxima más al género de opinión, pero se diferencia de él en que no juzga ni pronostica, sino que sólo formula hipótesis, ofrece explicaciones argumentadas y pone en relación datos dispersos

Poetas inmensos

Germán, un amigo de mi padre, está muy enamorado de su mujer. Lleva más de treinta años casado con Encarna y resulta incluso ridículo lo atento y romántico que es siempre con ella. Hasta hace dos meses, cada mañana le escribía un poema, y se lo dejaba casualmente en cualquier rincón de la casa. A pesar de la costumbre y la repetición sistemática, a Encarna le emocionaba muchísimo encontrarlos. Lloraba siempre y abrazaba a su marido con una pasión bastante sincera. Aquello la mantenía enamorada.

A Germán eso le parecía estupendo, claro está, pero había un problema, algo que le impedía dormir y que le generaba inmensos sentimientos de culpa: los poemas no eran suyos. Los copiaba de los grandes poetas de la literatura universal. Plagiaba, sobre todo, a Pedro Salinas, a Ángel González, a Goytisolo y Rubén Darío.

El pasado día 5 de junio, Germán no pudo más. Telefoneó desesperado a mi padre para decirle que iba a soltarle la verdad a su amada Encarna. Argumentaba que en realidad su mujer no podía estar enamorada de él, sino de los poetas que él había plagiado en los últimos años.

Mi padre le recomendó que no le dijera nada, que lo hecho hecho está, pero su amigo no le hizo caso y colgó.

A la mañana siguiente, Germán se levantó media hora antes que su esposa. La esperó en la cocina, fumando nervioso, y cuando ella entró para prepararse un café, él la miró avergonzadísimo y le dijo: "Encarna de mi vida, tengo que confesarte algo". Con la cara aún hinchada por el sueño, ella quiso saber que pasaba. Y Germán se lo dijo: "Los poemas que te escribo desde hace treinta años no son míos. Los he copiado de unos libros. Son poesías de gente que sabe expresarse bien. Yo no sé escribir. Soy un fraude, cariño. Soy una estafa. Perdóname".

Encarna estuvo en silencio treinta segundos, respiró profundamente, miró a su marido y le dijo algo que ninguno de los dos olvidará jamás: "Germán de mi vida, también he de confesarte algo. Yo no sé leer".

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