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Necrológica:EN MEMORIA DE BENITO ALAZRAKI
Perfil
Texto con interpretación sobre una persona, que incluye declaraciones

Un mago del cine

En pocos días han muerto tres magos del cine, Ingmar Bergman, Michelangelo Antonioni, y mi querido amigo Benito Alazraki que para no ser menos se ha embarcado con ellos camino de la laguna Estigia.

Alazraki acaba de morir en México, el México de Raíces (1953), aquella película basada en El Diosero, cuentos de Francisco Rojas González. Benito, sefardita, presumía de no ser un pinche judío, y sintió desde niño la veta poética, León Felipe, le prologó un libro de poemas, La voluntad de la tierra (1943); luego su amor pasó al cine y produjo aquella maravillosa película Enamorada, (1949) de nuestro sin par El Indio Fernández, luego ya Raíces, con Walter Reuter como operador.

Después vino a España y trabajó conmigo en la segunda cadena de TVE, en varias series, como Tauromaquia -en un tiempo quiso ser torero a pesar de ser chaparro y tener los pies planos- Los Viajeros Románticos, y un cuento de Cela Timoteo el incomprendido, con Fernando Rey y Mari Carrillo, para el programa que yo llevaba Cuentos y leyendas (1968) y quiso filmar Mazurca para un día de difuntos, también de Cela, sin éxito, regresando a México para navegar en el cine de mogollón, que se llama comercial.

Yo le conocí a mi llegada a México en 1952,y me gastó una broma pesada, dijo a un periodista que "venía con una beca del Gobierno franquista para aprender cine" y así se publicó en el diario Novedades. Luego ya la amistad sincera de muchos años, de noches y más noches, hablando de cine, pergeñando guiones y fantasías. Su ilusión era volver a España, y morir en su casa toledana de la que conservaba la llave después de cuatro siglos de ausencia. "Nosotros los sefarditas fuimos los primeros refugiados republicanos", decía. Y tras los cubatas y las fantasías me pedía por favor que cuando muriera le enterrara en la sinagoga Blanca de Toledo o que le llevara a la Alhambra.

Dos cosas difíciles de complacer que dejaba en mis manos y así, el otro día, me acerqué a Granada, "a su Granada", y desde "el mirador de la Reina", con la carrera del Darro a mis pies, le dije en voz alta para que me oyera. "Benito, hermano, un abrazo, desde la Alhambra, entre mirtos y arrayanes y el correr del agua que tú oyes, cumplo mi promesa recitando los versos de Machado a la muerte de Federico que tanto te gustaban".

Te veo un poco pálido por la emoción, apretado junto a Bergman y Antonioni en la barca de Caronte; y te anuncio que llegaras en olor de multitud a la otra orilla, donde te esperan bellas mujeres, algunas nórdicas muy rubias, como aquella Inés von Rosen que tú conociste y que también quiso ser torera, y un plantel de divas italianas amigas de tu Olimpia, con Ana Magnani y Silvana Mangano, junto a un tropel de mariachis venidos de tu Café Colón para cantarte, con Maria Félix y Dolores del Río, y tus amigos Emilio Fernández, Walter Reuter, Luis Buñuel, León Felipe, Francisco Pina, Cesare Zavattini y Giuseppe de Santis, con los que vivimos soñando en el cine con ilusión y esperanza.

Como ves cumplo lo que te prometí: traerte a la Alhambra con el viento de Sierra Nevada, para cubrirte con un profundo suspiro que me brota del pecho como sudario. Tu cuate, Pío Caro.

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