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Entrevista:ANATOLI KÁRPOV | Ex campeón mundial de ajedrez

"Ya es tarde para mi 'perestroika' mental"

Con 56 años y dos hijos, es embajador de Unicef y un patriota de estricta observancia, a pesar de que entre sus odios cita "el chovinismo y el terrorismo". Jugador de tenis, billar, bridge, belote y backgammon, prefiere el teatro al cine, y se queja de falta de tiempo para casi todo. Dice que le gusta mucho España, especialmente las islas

Pregunta. ¿Blancas o negras?

Respuesta. ¿Dónde?

P. Veo que se mosquea desde el principio.

R. Sí [ríe].

P. Patrocina en Vitoria un torneo de seis campeones del mundo para construir un hospital en el Congo. ¿Es usted lo más solidario que se despacha?

R. Tal vez. Pero no es la primera vez que participo en una actividad humanitaria relacionada con el ajedrez. Lo hice en Mazatlán, para la lucha contra el sida, y con las víctimas del terremoto de Armenia. Y llevo 25 años presidiendo la Fundación para la Paz.

P. ¿Se sigue sintiendo un héroe nacional?

R. No nacional. Internacional [ríe].

P. Es asesor intelectual de Putin. En la URSS era un hombre del sistema. Y luego apoyó a Yeltsin. ¿Come de todo?

R. Yo soy un representante de mi país, y quiero que brille y que lo que haga sea positivo. Antes se llamaba Unión Soviética; ahora se llama Rusia.

P. También era cristiano en plena URSS. ¿Sigue en ello?

R. Cuando se desintegró la Unión Soviética, no había una idea que cohesionase a la ciudadanía. Esa idea está ahora siendo la religión. Nunca la rechacé, pero nunca la consideré como motor de mi vida.

P. ¿Putin se enroca?

R. Putin está aumentando su poder, sin duda.

P. ¿Y usted?

R. Hubo momentos en mi vida que fueron difíciles y peligrosos, y tuve que defenderme mucho, sí.

P. ¿Jugó al ajedrez con Juan Pablo II, o no quiso darle jaque mate?

R. Le conocí, pero no se lo propuse. Yo sabía que él había sido jugador, hasta el punto de que, siendo cardenal, publicó estudios de ajedrez.

P. La inmersión en agua fría en el bautismo le salvó de morir de tosferina. ¿Tendríamos que bautizarnos más?

R. Sólo se puede bautizar uno una vez... Pero creo que daría más defensa moral y más ideas morales interesantes.

P. Con tanta partida, pasó más de 500 horas frente a Kaspárov. ¿Por qué no se fueron ya a vivir juntos?

R. Somos absolutamente diferentes en nuestras vidas, ideas, filosofía y caracteres. Para decirlo en dos palabras: yo construyo; él destruye.

P. Y se hubieran peleado por quién iba a la compra o quién ponía la lavadora.

R. No puedo siquiera imaginarme viviendo en el mismo piso con Kaspárov.

P. ¿No le perdona que le destronara?

R. No es un problema del duelo del 85. Lo que no le perdono son acciones que realizó alrededor de ese duelo, y posteriormente.

P. Aprendió a jugar al ajedrez a los 4 años. ¿En qué más fue tan precoz?

R. Era muy bueno en geografía -todavía lo soy-, en historia y matemáticas. Y ahora, en ecología y economía.

P. Lloraba cuando perdía. ¿Siempre es así ante la adversidad?

R. Sólo lloré dos veces.. Y no fue por perder, sino porque había cometido un error estúpido.

P. Dicen que nunca falla en los momentos decisivos. ¿Se lo han agradecido las mujeres?

R. Sí.

P. También aseguran que es usted un romántico.

R. Puede ser. Las mujeres aprecian mucho esa parte de mi carácter.

P. ¿En qué le falla su conocido autocontrol?

R. Intento convencerme de que me controlo incluso cuando sé que no me estoy controlando.

P. ¿No le parece una ordinariez que Rusia compre secretos a un espía español?

R. Eso lo hacen todos los países. Estoy seguro de que España está comprando cosas parecidas. Y Estados Unidos, también.

P. ¿Le da miedo el polonio?

R. Me da mucho miedo el poder nuclear en general.

P. ¿Su gelidez le viene de las bajas temperaturas de su país?

R. Lo que usted dice no es correcto. Yo intento ser muy frío cuando juego al ajedrez, o si estoy negociando algo. Pero en la vida normal me gustan la buena compañía y los amigos, y veo que la gente lo aprecia.

P. ¿Qué es lo que más le gusta de ser millonario?

R. El dinero te da la oportunidad de decir que no cuando quieres decir que no. Y te permite ser tú mismo y ser independiente.

P. ¿No necesitaría usted una perestroika mental?

R. No lo creo. Y además, si la necesitara, ya es tarde para mi perestroika mental.

PERFIL

Con 56 años y dos hijos, es embajador de Unicef y un patriota de estricta observancia, a pesar de que entre sus odios cita "el chovinismo y el terrorismo". Jugador de tenis, billar, bridge, belote y backgammon, prefiere el teatro al cine, y se queja de falta de tiempo para casi todo. Dice que le gusta mucho España, especialmente las islas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 29 de julio de 2007

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