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Crítica:TEATRO

Shakespeare, por derecho

Culebrón avant-la-lettre, cuento de hadas adulto, Cymbeline encadena todos los lugares comunes del teatro isabelino. Shakespeare mete en el mismo saco, y los revuelve, a una madrastra malísima, un rey calzonazos, dos príncipes criados en una cueva sin que les desvelen su origen, una princesa vestida de hombre y sumida en el sueño mortal de la bella durmiente...

Declan Donnellan, director del espectáculo, nos cuenta el cuento llanamente. Tiene fe en sus virtudes dramáticas y lo defiende a capa y espada, inventando siempre a favor de texto, en un espacio vacío que Nick Ormerod viste con dos telones recogidos. Sus actores son capaces de darle volumen a un recortable. Jodie McNee es una Imogena maravillosa, ingenua y resuelta en un solo latido. Richard Cant (Pisando) saca oro de un papel secundario. Gwendoline Christie y David Collings componen una pareja de reyes chusca, risible al primer golpe de vista, y Tom Hiddleston, intérprete de los dos enamorados de Imogene, los iguala: tan bobo es el que ella rechaza como el que teniéndola se la juega a los dados.

Cymbeline

De Shakespeare. Dirección: Declan Donnellan. Producción: Cheek by Jowl. Madrid. Teatro Español. Hasta el 28 de julio.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 22 de julio de 2007