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Asesinado un cura en su casa en Córdoba

El sacerdote, de 75 años, murió tras ser golpeado en la cabeza con un calefactor

La Guardia Civil investiga el asesinato del sacerdote Tomás Pérez Escudero, de 75 años y natural de Hinojosa del Duque (Córdoba). El cura fue encontrado muerto ayer sobre las 10.30 en su domicilio de Villafranca de Córdoba, municipio del que era párroco desde 1975. El cadáver estaba en el dormitorio y yacía sobre un charco de sangre con una sábana alrededor de la cabeza. Sobre el pecho tenía un calefactor portátil con el que, según las primeras investigaciones, fue golpeado. La policía detuvo en Madrid a un sospechoso del crimen, de quien no facilitaron la identidad.

La Guardia Civil interrogó horas antes al propietario de un pub de Villafranca sobre un hombre de origen rumano que, según algunos vecinos, era amigo del sacerdote y llegó a residir temporalmente en la vivienda de la víctima. Esta persona estuvo sobre las 23.30 del domingo en el local. "Se pidió un cubata y le llamaron por teléfono. Entonces me dijo que se lo pusiera en un vaso de plástico y se fue", informó el dueño de ese bar a este periódico.

Sebastián Serrano fue el que encontró el cuerpo sin vida del sacerdote. Este hombre, que ayudaba al cura en sus labores domésticas, entró como cada mañana en la vivienda del párroco, situada en la calle Alcolea, frente a la Iglesia de Santa Marina de Aguas Santas, donde Tomás Pérez solía oficiar misa. Cuando Sebastián fue a hacer la cama del cura se topó con el cadáver. Junto a otro vecino alertó a la Guardia Civil del suceso.

Durante toda la mañana los agentes de la Policía Científica estuvieron recogiendo pruebas en el interior de la vivienda. Pasadas las 14.30 horas el juez ordenó el levantamiento del cadáver.

Muerte violenta

Lo único que confirmaron ayer las fuentes oficiales fue que la muerte se produjo de forma violenta, es decir, no por causas naturales. Respecto al móvil del asesino o asesinos nada trascendió, aunque la policía daba por descartado el robo.

Fuentes municipales indicaron que el párroco era conocido porque solía prestar ayuda a quien se lo pedía. "Si llegaba alguien de paso, siempre tenía un lugar para él en su casa", indicaron.

En los corrillos de vecinos de este pueblo cordobés se trataba ayer lunes de reconstruir el día anterior del párroco. El domingo se celebró en Villafranca la festividad de Santa Marina de Aguas Santas.

Tomás Pérez ofició dos misas por la mañana y fue a almorzar con los miembros de una hermandad del municipio a un hotel cercano. Allí estuvo hasta pasadas las cinco de la tarde.

A las 20.00 ofició otra misa más y, sobre las 23.45, acudió a casa de una vecina para pedir algo de pan, ya que iba a cenar acompañado. Esa misma mujer, que vive al lado del cura, sostuvo que no oyó nada extraño esa noche.

Tomás Pérez llevaba 32 años como párroco de Villafranca de Córdoba. Acababa de celebrar sus bodas de oro como sacerdote y el Ayuntamiento lo ha nombrado hijo predilecto de la localidad.

Compaginó su labor pastoral con la enseñanza en el Instituto del vecino municipio de Montoro. Además, poseía un cortijo en el que se celebraban banquetes de bodas y durante un tiempo fue corresponsal de un diario provincial en Villafranca.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 17 de julio de 2007