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Crónica:LA CRÓNICA

Un referente mundial

Los nuevos cargos del Gobierno de Francisco Camps han comenzado a trabajar y lo han hecho con la lección bien aprendida. No pasa día sin que uno u otro consejero se asome a los periódicos para afirmar que la Comunidad Valenciana se convertirá, en breve plazo, en un referente mundial. La empresa es ambiciosa, ¡qué duda cabe! Tan ambiciosa que no sabe uno cómo deberá llevarse a cabo para culminarla con éxito. Es probable que se precise algo más que otra edición de la Copa del América o una carrera de fórmula uno -aunque se trate del Gran Premio de Europa- para alcanzar un propósito tan importante.

Si los señores consejeros hubieran publicado alguno de los proyectos que piensan emprender, podríamos pronunciarnos sobre el asunto con algún conocimiento. Como no han dicho, hasta el momento, una sola palabra de cómo piensan convertirnos en un referente mundial, deberemos tener fe. La fe, claro está, es una cuestión subjetiva. Con esto, no pretendo decir que no me fíe de los señores consejeros. Estoy convencido de su sinceridad cuando anuncian esos pronósticos: creo que son todo lo sinceros que pueden ser unos políticos cuando hablan en voz alta para la prensa. Pero tras la actuación de Justo Nieto o de Miguel Peralta en la Consejería de Industria, debemos preguntarnos cómo piensa la señora Juste convertir nuestras empresas en un referente mundial.

Quizá las dificultades para alcanzar ese liderato al que aspira el Gobierno no provengan únicamente de la industria. También la educación necesitará un esfuerzo considerable. Las cifras de fracaso escolar en la Comunidad Valenciana, que acaban de publicarse, no parecen las más favorables para acometer una empresa de la categoría que se pretende. ¿Puede convertirse en referencia mundial una región donde el 36 por ciento de los escolares no acaba la enseñanza obligatoria? Ignoro qué dirán los especialistas al respecto, pero resultará muy difícil que con esos datos pueda lograrse el objetivo.

El consejero Font de Mora podría habernos aclarado las cosas cuando se reunió, la pasada semana, con el Consejo Escolar de la Comunidad Valenciana. Pero, en lugar de ello, el consejero prefirió reprender a quienes critican su trabajo, recomendándoles una "profunda reflexión", de modo que nos quedamos sin saberlo. Desde luego, sería ideal para Font de Mora que todos los valencianos compartieran su punto de vista sobre la educación. ¡Qué trabajo más descansado sería el suyo, en esas circunstancias! Pero quizá no resultase igual de bueno para la democracia. Las unanimidades que reclama el consejero suelen costarles muy caras a los ciudadanos.

Ahora, quizá no sea justo culpar en exclusiva a la Consejería de Educación del fracaso escolar, como pretenden los sindicatos y hacen las asociaciones de padres. Es cierto que la Consejería no ha mostrado una gran diligencia para solucionar los problemas que se han presentado en la educación valenciana. Muchos de ellos se arrastran desde hace años, sin que los diferentes consejeros que han estado al mando hayan hecho algo positivo por resolverlos. Ahí está el caso tan poco ejemplar de Ciegsa. ¿Podemos justificar, a estas alturas, la gestión de Ciegsa? Pero el fracaso escolar que padece la Comunidad Valenciana es, sobre todo, a mi entender, una consecuencia del estado de la sociedad. Cuando se fomenta un mercado laboral que no precisa mano de obra cualificada, es natural llegar a este resultado.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 16 de julio de 2007