Crítica:Crítica
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Antropología para artistas

Por discutible que pueda parecer aquella idea de Joseph Kostuh acerca del artista "como antropólogo", lo cierto es que desde entonces ha habido mucho arte menos interesado en los problemas formales del propio medio que en la reinterpretación eventualmente interventiva de los hábitos y valores de las más distintas comunidades humanas. Nuestra hospitalidad es un proyecto que se inscribe en este marco, en la medida en que su punto de partida es la exploración (y la provocación) de flujos de relaciones humanas en un contexto determinado, en este caso la ciudad de Castellón. La idea se debe al argentino Rodrigo Alonso, activo generador de exposiciones, eventos y encuentros, y autor prolífico de textos de teoría y crítica de arte contemporáneo (sobre todo del derivado de las nuevas tecnologías, y en particular a la videodanza).

NUESTRA HOSPITALIDAD

Espai d'art contemporani de Castelló

Prim, s/n. Castellón

Hasta el 16 de septiembre

El lema de la hospitalidad responde a una instancia bien antigua: una situación esencial de creación e intercambio de vínculos. En esta ocasión, de lo que se trata no es, por así decir, de ofrecer una descripción objetiva de los rasgos de la hospitalidad en la ciudad de Castellón, sino de "generar ficciones y estimular la imaginación" al respecto. De ello se encargan cinco artistas. El italiano Claudio Zulian (1960) presenta una videoinstalación (A lo mejor) en donde no intervienen directamente los rumanos de Castellón, sino otros compatriotas lejanos contando sus sueños y su visión imaginaria de la supuesta tierra de acogida.

Gregg Smith (Suráfrica, 1970) se inventa, en otra videoinstalación, la historia del regreso de un joven castellonense a su lugar de origen. Oriol Guillén Arruabarrena (Cuba, 1970) ha entrado en las casas de los vecinos y les ha pedido prestadas algunas puertas. Finalmente, Liliana Basarab (Rumania, 1971) ha convocado un concurso de diseño de un traje que represente la hospitalidad, del que se exhiben cientos de dibujos y maquetas, y la colombiana Milena Bonilla (1968), también en esa clave textil, se ha ocupado de ver "qué pasa con la ropa usada", de la que ha recabado las muestras que expone, algunas de las cuales ha reciclado a fin de confeccionar un vestido que será vendido a beneficio de las instituciones benéficas que prestaron los materiales.

Con independencia del inte

rés de cada una estas cinco propuestas, lo que manifiestan es una orientación decididamente antropológica, cuyo sentido se incrementa acaso por el hecho de que la propia antropología, en cuanto a disciplina, se haya convertido entretanto en una suerte de discurso polifónico donde no siempre se sabe quién es el sujeto y quién el objeto del saber.

* Este artículo apareció en la edición impresa del viernes, 13 de julio de 2007.

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