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Reportaje:

Ortigueira recupera la línea

La 'trikitixa' de Kepa Junquera convoca a más de 20.000 personas

Muchos de los que van a Ortigueira no se alejan de la zona de acampada. Pero en esta edición del festival, que ayer elegía para una clausura simbólica a Milladoiro y Mercedes Peón, más de 20.000 personas bajaron al pueblo para ver, el sábado, a Kroke (en yiddish, Cracovia), al compositor vasco Kepa Junquera y a los gaiteiros gallegos Dani Bellón y Diego Maceiras.

El maestro de la trikitixa, el pequeño acordeón diatónico vasco, introduce en Hiri (ciudad, en euskera), su último disco, texturas difíciles de organizar. No es una síntesis musical de las ciudades que le han inspirado, sino un homenaje. Lo que suena, bajo y teclado incluidos, puede traer a la memoria música hindú, new wave, líneas de jazz y percusión africana pasada por el túrmix occidental. Del mismo modo que el músico que tocaba la trikitixa frente a una autopista está presente en Rekalde (el barrio de Bilbao), el bandoneón no es imprescindible en Buenos Aires.

Susana Seivane provocó el clamor del público con la 'Muiñeira de Chantada'

Ya pueden los puristas de Kepa criticar el exceso de producción, que a veces se confunde con la ligereza. Mientras el músico vasco siga llamando al baile, como era la trikitixa en un principio -panderetas y acordeón-, el éxito al aire libre está garantizado. Visible Kepa como industria cultural vasca en sí misma, los jóvenes de las primeras filas no dejaron de saltar en todo el concierto, estirando ikurriñas, estreladas y banderas de la Real Sociedad. Después de la gira americana de Hiri,el público gallego es para Kepa de la casa.

Mientras algunos intentaban explicar por qué en Bilbao hay gente que dice que Kepa es frío, la gaiteira Susana Seivane se subió al escenario. Ya lo había hecho antes, durante el concierto de los bretones Bagad Kemper, con los que colabora habitualmente, pero aquí subió para tocar la Muiñeira de Chantada. Por el clamor podría pensarse que el Festival de Ortigueira tiene que seguir siendo folk. Y que si es folk cualquier revisión culta y no mimética de una música tradicional, es hora de que Ortigueira recupere el pulso del folk internacional, más allá del territorio celta fundacional.

Se consiguió el viernes, con los angloirlandeses Flook, que alguna sonoridad pop integran, y se hizo con Kepa el sábado. Justo antes de Kepa abrieron los polacos Kroke, muestra consistente de cómo un grupo fantástico puede eludir los problemas del cielo abierto. No lo consiguieron del todo, pero dio lo mismo. No debe ser fácil encontrar una formación tan identificada instrumentalmente con una música tradicional (en su caso la de los judíos centroeuropeos del siglo X). Pero Kroke pueden combinar escalas de música sefardí con arreglos de jazz y música de cámara. Un paraíso de tolerancia.

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Cerraron el sábado los prometedores gaiteiros gallegos Dani Bellón y Diego Maceiras (en el proyecto común Luvas Verdes). No tardó en llover, pero se mantuvieron sobre el escenario. A última hora cerraban esta 23ª edición del Festival de Ortigueira Rosa Cedrón, Milladoiro, Dervish y Mercedes Peón. El traspiés en la programación del año anterior no fue significativo.

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