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CARTAS AL DIRECTOR

Funerales de Estado

A los soldados fallecidos en Líbano se les han rendido funerales de Estado. ¿En qué se basa ese diferente tratamiento respecto al resto de la ciudadanía? ¿Será debido al peligro que entraña su labor? Las estadísticas prueban que supone mayor riesgo ser minero, obrero de la construcción, bombero, camionero, taxista, policía, vigilante de seguridad o prostituta... La muerte siempre es triste, sobre todo cuando se trata de jóvenes; más aún si se han enrolado en un ejército extranjero para conseguir la nacionalidad. Aunque toda muerte violenta provoca un profundo dolor, el origen del hecho diferencial no está en el riesgo, tampoco en la edad, ni siquiera en los actos de terror, pues mayor tragedia es la de las víctimas de la violencia familiar o de género.

Para explicar ese fenómeno sólo encuentro una razón: la preeminencia de lo militar sobre lo civil. El fallecimiento de soldados en acto de servicio se rige por un ritual castrense que rinde culto a la muerte, asocia el honor al uso de las armas, responde a la cultura de la guerra y se apoya en un patriotismo estrictamente militar. Los funerales de Estado no concuerdan con las funciones que debe desarrollar un ejército profesional supeditado al poder civil y ajeno a cualquier motivación ideológica; en consecuencia, tenían que haber desaparecido con el servicio militar obligatorio.

De la misma manera, el sepelio de un soldado no debería alcanzar mayor eco mediático que el de cualquier otro funcionario que fallece desempeñando sus funciones.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 30 de junio de 2007