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Necrológica:
Perfil
Texto con interpretación sobre una persona, que incluye declaraciones

Gianfranco Ferré, el diseñador que encarnaba el buen gusto en la moda

Estudió Arquitectura, dirigió Christian Dior durante ocho años y era uno de los grandes modistas de la alta costura

Era arquitecto y vestía como un banquero decimonónico: traje con chaleco, camisa blanca, aguja de corbata y gemelos. Gianfranco Ferré (Legnano, 1944-Milán, 2007) no soportaba la vulgaridad ni la idiotez, y su atuendo constituía, en cierta forma, una advertencia al público. En un mundo propenso a la frivolidad como el de la moda, Ferré encarnaba el buen gusto de la sensualidad ordenada.

Nació en Legnano, cerca de Milán. Su familia pertenecía a la burguesía conservadora forjada durante la larga ocupación austrohúngara y creía en el trabajo, el estudio y el ahorro. Gianfranco Ferré heredó esos valores, pero lo que más recordaba de su infancia (y hablaba a menudo de ello) eran los aromas de la cocina. Amaba comer y los dulces fueron quizá su única pasión sin control. Pagó por ello un precio, en kilos y en diabetes.

Después de licenciarse en Arquitectura en 1969 viajó con frecuencia a India, donde, según él mismo, se enamoró de la "sensualidad opulenta". En 1974 presentó, en un restaurante milanés, una colección de accesorios. En colaboración con el empresario boloñés Franco Mattioli, socio profesional y pareja sentimental durante 20 años, empezó a fabricar ropa de mujer. Ya entonces su prenda fetiche era la camisa blanca, esencial, perfecta. En 1978 creó su propia empresa, Gianfranco Ferré, SA, y un estilo inconfundible. Razonaba como un arquitecto y estudiaba cada vestido como un proyecto basado en el espacio, la función y el entorno.

En 1986, convertido en una celebridad dentro del sector del prêt-à-porter, se adentró en el azaroso terreno de la alta costura. Muchos se retiraban por entonces de una actividad difícil, cara y arriesgada, pero él, contra la opinión de su compañero y socio Franco, aspiraba a llevar al límite su sentido del lujo y la exclusividad. Las diferencias sobre esa apuesta profesional provocaron una seca ruptura entre Ferré y Mattioli.

El modista ganó su apuesta y se convirtió de inmediato en uno de los grandes de la alta costura. La consagración le llegó sólo tres años después, cuando Bernard Arnault, patrón del grupo LVMH, pidió a Ferré que sustituyera a Marc Bohan como director artístico de Christian Dior. Gianfranco Ferré aceptó (fue el primer italiano que impuso su ley en los desfiles parisienses) y en los ocho años siguientes dio nueva vida al viejo templo de la elegancia francesa.

No era un hombre de trato sencillo. Resultaba difícil satisfacer su nivel de exigencia, y muy fácil, en cambio, hacerle perder la paciencia. Pero incluso cuando insultaba hacía gala de moderación burguesa: en el peor de los casos, utilizaba palabras como "provinciana" o "gordita".

Tras dejar la dirección de Christian Dior se concentró en su propia marca, vendida en 2002 al industrial italiano Tonino Perna por 162 millones de euros. Ya era rico y célebre. En 1998 había podido celebrar sus 20 años como modista de éxito de la forma que más le gustaba: invitó a más de mil personas a un festín de exquisiteces y joyas de chocolate, rematado con una tarta de seis metros de diámetro. Padecía diabetes, pero sucumbía con frecuencia a la tentación de los dulces.

La enfermedad le envió el primer aviso en 2003, con un ictus que le paralizó parcialmente. Un duro proceso de rehabilitación le permitió seguir con su trabajo, aunque con dificultades en la dicción.

Dedicó los últimos años a leer, a decorar sus casas y a establecer la sede de su empresa en el fastuoso palacio Gondrand de Milán. Seguía diseñando ocasionalmente y le gustaba enseñar. El jueves pasado dio una clase sobre moda en la Universidad Politécnica de Milán, el centro donde se graduó como arquitecto, y recibió un aplauso entusiasta. Fue una despedida, porque el viernes acudió al hospital San Raffaele aquejado de fuertes dolores de cabeza. Los médicos no pudieron atajar la hemorragia cerebral que el domingo por la noche acabó con su vida.

Gianfranco Ferré ante una de sus maniquíes.
Gianfranco Ferré ante una de sus maniquíes.ASSOCIATED PRESS

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