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COLUMNA

Nuestra Fórmula 1 es de naranja

Tiene razón Alejandro Mañes cuando en un artículo reciente, comentando los resultados de las pasadas elecciones, ganadas por la derecha valenciana, acude a nuestro famoso sainetero para tratar de explicar lo sucedido. "Eduard Escalante -escribe Mañes- ya advertía en Tres forasters de Madrid con el término coentor, referido al mimetismo de las clases medias valencianas, lo que nos pasa a los valencianos. Tanto mirar con el rabillo del ojo a Madrid nos hemos convertido en una sucursal".

Los valencianos que han votado a la derecha valenciana lo han hecho siguiendo el mensaje populista de Camps y el mensaje del miedo que desde Madrid lanzaba Rajoy. Según Camps, los valencianos vivimos en el País de las Maravillas, como la Alicia del cuento. Según Rajoy, Zapatero está rompiendo España cogido de la mano de ETA, como asegura un día sí y otro también la cadena radiofónica de la Santa Madre Iglesia Católica, Apostólica y Romana. Ante este panorama ¿qué iban a hacer las clases medias -no digamos las altas- a que se refería Escalante, calificándolas de coentes, y las otras clases menores a las que Sant Vicent Ferrer llamaba la bona gent? Pues lo que han hecho. Votar al PP.

Nos anunciaba el presidente Camps que los valencianos somos el motor de la economía española y de la economía europea. En suma, que somos la envidia del mundo entero. Y si tenemos algunas carencias, la culpa es del Gobierno central, es decir, de Zapatero. Por ejemplo, el tan deseado AVE. Tres años lleva el presidente Zapatero en el poder y el AVE no viene. Y el señor Camps se queja. "Zapatero no nos quiere", nos dice. Pero vamos a ver, Paquito. Siendo presidente de la Generalitat, tu correligionario Zaplana nos prometió que el AVE estaría en funcionamiento a finales de 2003. El 19 de noviembre de 1998, Zaplana y su colega, el presidente de la Comunidad de Madrid, Ruiz-Gallardón, aseguraron ante la prensa "que esperaban visitarse mutuamente utilizando el AVE antes de finalizar la legislatura de 2003". Gobernaba entonces, desde La Moncloa, don José Mª Aznar. El caso es que Aznar fue derrotado por Zapatero el marzo de 2004 y se fue del Gobierno sin echarle una mano al AVE Madrid-Valencia. Y le dejó el muerto ferroviario a su sucesor, a Zapatero, cuyo Gobierno es el que está invirtiendo en las infraestructuras necesarias para que nuestro AVE sea una realidad. Pero es Camps, con todo descaro, quien les dice a las clases medias valencianas de la coentor y a la bona gent a la que se refería Sant Vicent, que Zapatero es el culpable de que no tengamos el AVE porque "Zapatero no nos quiere a los valencianos". Por lo visto, Aznar sí nos quería. También, al iniciarse la legislatura que ahora acaba, el presidente Camps prometió que cada semana de su mandato inauguraría una escuela para acabar con los barracones. ¿Cuántas semanas tiene una legislatura? Porque barracones aún quedan. Y no pocos.

Y es que aquí, lo que importa, son los grandes eventos. Antes de tomar posesión de su nuevo mandato, el señor Camps ya se ha ido corriendo a Londres a firmar con Ecclestone el contrato para tener la Fórmula 1 en Valencia. Y es que no tienen dignidad. Es el presidente de la Generalitat valenciana quien tenía que esperar a que viniese el empresario de la Formula 1 a Valencia para felicitarle, en primer lugar, por su victoria electoral. Y luego a firmar el contrato. Pero Camps es, también, un coent. Lo que hubiese disfrutado Escalante, de estar entre nosotros, escribiendo un sainete titulado Tres forasters en Londres, protagonizado por Camps y sus dos acompañantes a la capital británica, el empresario Fernando Roig y el presidente de Bancaixa, José Luis Olivas. Los tres juntitos a besarle la mano a Ecclastone, el propietario de la Fórmula 1. ¡Qué vergüenza!.

"Nuestra Fórmula 1 es la naranja", dijo acertadamente el representante del Bloc Nacionalista Valencià, Enric Morera, durante la pasada campaña electoral. La naranja y la agricultura en general. Y la industria productiva. Y tantas otras cosas. Morera resumía en esta frase todas nuestras deficiencias. Tenemos muchas Formulas 1 que atender antes que la de los cochecitos del señor Ecclestone. Pero en fin, qué le vamos a hacer. Si además, y como declara el presidente del Club Náutico, Manuel Casanova, "los grandes constructores son los amos de la economía", pues apaga y vámonos. Ya lo he dicho en otras ocasiones: Si el rei Jaume alçara el cap!

fburguera@inves.es

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 4 de junio de 2007