Reportaje:

¿Qué hiciste, Hillary?

Soberbia, calculadora, oportunista. Dos biografías destripan la vida y fracasos de la emergente candidata presidencial

Bostezan casi al unísono cuando se les pregunta sobre la inminente puesta a la venta de dos libros sobre su jefa. El equipo de campaña de Hillary Rodham Clinton "sabe y contesta". Los libros anteriores sobre Clinton eran "dinero a cambio de basura", estos otros no son nada más que "dinero a cambio de refritos" de viejas historias, declara Philippe Reines, portavoz de Clinton en el Senado. Ambos volúmenes aburren hasta la soñolencia a los chicos y chicas de la senadora que trabajan duro para dar brillo y esplendor a su candidata. Pero a tenor de las cifras de ejemplares que las editoriales planean poner a la venta no van a aburrir al público.

La idea es ésta: si Hillary Clinton quiere ser presidenta de Estados Unidos, cuanto más se sepa de ella, mejor. Su personal puede expresar todo el aburrimiento que quiera, pero el común de los mortales devorará las biografías. Si además esos relatos incluyen las infinitas infidelidades de Bill hacia su esposa y el hecho de que Clinton marido pensó en divorciarse y Clinton mujer no quiso casarse en su momento, aunque luego el divorcio le llegó a parecer su mejor opción... el éxito de ventas está asegurado.

"Hay peores cosas que la infidelidad", respondió cuando le aconsejaron divorciarse
"Es la persona con más afán de superioridad que he conocido en mi vida"

Esta vez los autores de la crítica no son archiconocidos y jurados enemigos de la pareja. Esta vez se trata del reputado premio Pulitzer y autor de la caída de un presidente norteamericano, Carl Watergate Bernstein, y de los periodistas de investigación en nómina del The New York Times Jeff Perth y Don Van Natta. Los títulos: significativos, ambiciosos y rotundos, como su objeto de interés. A Woman in Charge. The Life of Hillary Rodham Clinton (Una mujer en el poder. La vida de Hillary Rodham Clinton), 640 páginas, más de 200 entrevistas con amigos, colaboradores y adversarios de la senadora. En resumen: ocho años de trabajo de la vida de Bernstein, asegura la editorial Alfred A. Knopf, que confirma el 5 de junio como pistoletazo de salida para el libro con una tirada de 275.000 copias. Her Way: The Hopes and Ambitions of Hillary Rodham Clinton (Su camino: esperanzas y ambiciones de Hillary Rodham Clinton); sale a la venta el 8 de junio con 175.000 copias, aunque el diario The New York Times adelanta hoy en su revista dominical un extracto.

Como si Clinton en femenino no tuviera ya bastantes detractores... Su propia vida, contada por otros, eso sí, va a jugar en días en su contra. Mujer fría. Mujer brillante. Mujer oportunista. Mujer controladora. Mujer ambiciosa. Ambos ejemplares retratan con estos adjetivos a la aspirante demócrata a la Casa Blanca en 2008. Bernstein ha puesto en boca de amigos y no tan amigos, de colaboradores y de ex colaboradores frases como ésta: "Es la persona con más afán de superioridad que he conocido en mi vida", según Bob Boorstin, quien trabajó con la primera dama en los tiempos en que ésta intentaba sacar adelante la reforma del sistema de salud nacional.

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Betsey Wright, jefa de personal del entonces gobernador de Arkansas, asegura que Bill se quiso divorciar de Hillary por la aparición de una tercera mujer (o cuarta, o quinta, o sexta, pare usted de contar cuando se canse...): Marilyn Jo Jenkins, ejecutiva de la que el ex presidente se enamoró perdidamente y a quien el libro sitúa en una apasionada despedida a las 5.15 en la residencia del gobernador el día antes de que Clinton jurase como presidente. Hillary se negó a la ruptura. Según cuenta Wright, Hillary le espetó ante su consejo de amiga de que se divorciase: "Hay peores cosas que la infidelidad". Entonces Hillary buscó refugio, siempre según el libro de Bernstein, en su amiga Diane Blair, quien ahora asegura que la senadora sopesó los inconvenientes de la separación. "Consideró que la pareja no había hecho mucho dinero", declaró Blair al periodista del Washington Post antes de su muerte en 2000. "Y ella ni siquiera poseía una casa. Estaba preocupada sobre cómo saldría adelante como madre soltera de Chelsea". Finalmente, nunca hubo divorcio.

Pero entonces Hillary consideró presentarse a candidata a gobernadora de Arkansas, en un gesto de despecho y rabia hacia su esposo. A la idea le puso fin el entonces aliado de los Clinton y hoy recalcitrante adversario de la pareja Dick Morris, quien puso frente a los ojos de la futura política unos sondeos que mostraban que no tenía identidad por sí sola entre los votantes de Arkansas y la comparó con la esposa de George Wallace (gobernador de Alabama y quien se opuso con furor a la concesión de los derechos civiles a los negros), comparación que ofendió profundamente a Hillary.

Aires de grandeza y pretensiones de superioridad moral que no casan con la tolerancia hacia las muchas y repetidas infidelidades de su esposo. Ésa es la Hillary Rodham Clinton que dibujan ambos tomos. Incluso señalan una cierta flexibilidad de la senadora a la hora de regir la verdad. Bernstein expone las dudas que tuvo la primera hija de Dorothy y Hugh Rodham para casarse y luego permanecer en ese estatus junto a Bill Clinton. Hillary Diane Rodham esperó dos años antes de trasladarse definitivamente a Arkansas y darle el sí al hombre que luego la humillaría públicamente con el escándalo Lewinsky. El premio Pulitzer aporta un dato poco conocido que pudo ayudar a la hoy candidata a tomar la decisión de pasar por la vicaría. Hillary Rodham suspendió el examen que le hubiera abierto las puertas a la abogacía en Washington capital. Algo que escondió a sus más íntimos amigos durante 30 años, hasta que se publicó su autobiografía Living History. Bernstein sugiere que tal golpe a su enorme ego podría haber inclinado la balanza hacia Arkansas, donde sí podía ejercer el Derecho ya que pasó el examen.

El libro de los reporteros del Times sugiere un detalle de enorme importancia política, el hecho de que la senadora que votó a favor de la guerra de Irak no llegó a leerse entero el informe de los servicios de inteligencia que consideraban vital para Estados Unidos invadir el país del señor que había intentado asesinar al papá de Bush júnior.

Perth y Van Natta retratan a una Hillary Clinton obsesionada con el secretismo y la lealtad. La senadora demócrata usa cuando se encuentra en Washington su casa como base elegante de su campaña por la presidencia. Sus charlas y reuniones obligan a una estricta confidencialidad a quienes asisten a ellas. "Los visitantes, todos, son invitados a dejar sus bolsos, teléfonos móviles y cámaras a la entrada", escriben. Las fotografías las toma un profesional. Autorizado por la señora Clinton, por supuesto.

Hillary Clinton, el pasado abril en Nueva York.
Hillary Clinton, el pasado abril en Nueva York.ASSOCIATED PRESS

* Este artículo apareció en la edición impresa del sábado, 02 de junio de 2007.

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