Reportaje:Paisaje electoral | Elecciones 27M

Vientos de cambio en el sur de Pontevedra

El tradicional granero de votos del PP en los 27 municipios del área de influencia de Vigo amenaza con quebrarse. Junto con importantes gobiernos municipales, el PP también podría perder la Diputación Provincial

Julio César García-Luengo Montero ha sido alcalde de Crecente durante 31 años. En estos comicios ha decidido darse un relevo de ciclista, pasando al segundo puesto de la candidatura popular; el primero lo ocupa su hijo, Julio César García-Luengo Pérez, que promete un tren de cercanías con Ribadavia. En la vecina Salvaterra, que se intitula la novia del Miño -en exclusiva, como si el río no viniera corrido desde Fonte Miña- en los últimos años se han construido 2.000 viviendas, aunque el municipio ha perdido población. Arturo Grandal, alcalde desde 1979 (UCD, CG, PSOE y PP), no encuentra gente para tanta cama inmobiliaria, pero la fiebre promotora no desaparece de un día para otro, así que ahora promete construir un cementerio de mascotas.

El urbanismo quema en algunos sitios y calienta la oferta de todos los candidatos
La multitud de listas independientes alienta la incertidumbre sobre los pactos de gobierno

Grandal y la dinastía García-Luengo continuarán en Salvaterra y Crecente. También resistirán A Cañiza, O Covelo, Mondariz 1 y 2, Arbo, O Rosal, Soutomaior, Pazos de Borbén... Pero el PP está de los nervios en el Sur de Pontevedra (media docena de comarcas, 28 municipios). La tradicional cohesión política de este territorio está en riesgo de sufrir unas fisuras que acaben con el entramado electoral y el feudo popular que fue siempre.

En los 27 municipios del sur pontevedrés es perceptible la influencia, más o menos intensa, de la centralidad que ejerce Vigo. En el periodo 2000-2005, por ejemplo, se construyó en ellos el doble de viviendas, unas 20.000, que en Vigo. Sin plan general de urbanismo en casi ninguno. Tampoco cuentan con servicios municipales básicos, como las redes de saneamiento, destinadas las que hay a atascarse y reventar con los flujos añadidos de nuevos residentes.

Está sucediendo en Tui, por ejemplo. En octubre los vecinos de dos bloques, 48 viviendas a tiro de piedra del centro urbano, empezaron a denunciar la inundación de sus garajes por aguas fecales. Hasta que la mierda estancada, con perdón, no alcanzó un metro de altura, las ratas y miríadas de insectos se pasearon por ella, el hedor se extendió a toda la villa y Sanidade emplazó a la autoridad local a tomar medidas por el riesgo evidente de salud pública, el Ayuntamiento no se dio por enterado de las insuficiencias de la red de sumideros. Por ésas y otras circunstancias concomitantes, el plan general de Tui ha sido rechazado en dos ocasiones por la Xunta.

Todas las candidaturas se comprometen ahora a realizar en el próximo mandato el plan general de urbanismo, auspiciados todos por el compromiso de la Xunta de financiarlos. El urbanismo ya ha sido un factor determinante y convulso en el mandato que ahora acaba: en Vigo, por tantos motivos; en Cangas, donde la movilización vecinal consiguió la retirada del plan general, que la nueva corporación tendrá que reeditar con el proyecto en ventanilla de 5.000 nuevas viviendas; algo parecido pasó en Nigrán; la corrupción sin paliativos asomó las orejas en Gondomar; en Salceda salta por los prodigios de esquizofrenia que depara la doble ocupación de Chicho, alcalde y promotor inmobiliario; en Arbo, en Tomiño, en A Guarda, donde se quiere aprobar antes de las elecciones un impactante plan, con el plan general en fase de avance... Etcétera.

El urbanismo en algunos sitios quema y en todos calentará los resultados del día 27. Aunque nadie, por la disparidad de intereses que confluyen en el asunto, anticipa en qué dirección. Tampoco cabe adelantar certezas sobre el efecto último que tendrá en la composición de los nuevos gobiernos municipales la multitud de candidaturas independientes que concurren a los comicios. Las hay de todos los colores, no son homologables ni predecibles. Véase de nuevo Tui.

El ex triconselleiro Diz Guedes se enfrenta como independiente al popular Fernández Rocha, que él mismo ayudó a entronizar mediante censura al también popular Miguel Ángel Capón. Ahora son los tres candidatos con más caudal previsible de votos, pero también de manifiesta y recíproca enemistad. Capón ha comprometido que no pactará con ninguno de los otros dos y está abierto a pactos con cualquiera otro: puede pasar de todo.

En el infalible granero de votos que siempre fue el sur de Pontevedra para el PP, la Redondela del socialista Xaime Rei (en pos de su octavo mandato), el recuncho de Fornelos o las alternativas tumultuosas de Cangas han sido las excepciones que confirmaban la regla. En el actual mandato Moaña, Vilaboa, Mos y Porriño abrieron nuevas grietas. El bipartito PSOE-BNG, o viceversa, podría hacerse ahora, en solitario o añadiendo pactos, con los gobiernos de esos ayuntamientos y los de Ponteareas, Baiona, Oia y A Guarda. Nunca hubo para la izquierda tantas expectativas.

PSOE y BNG, aun sin llegar a gobernar, esperan aumentar su número de concejales lo suficiente para arrebatar al PP dos escaños en la Diputación, lo que apartaría por primera vez a los populares del gobierno provincial, sostén clientelar de los alcaldes afines. La incertidumbre sobre los resultados en Vigo se extiende, con todo, a los de su área de influencia. Y todos acabarán confluyendo en el próximo mandato en la configuración institucional del Área Metropolitana.

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