Análisis:Análisis | Elecciones 27M
Análisis
Exposición didáctica de ideas, conjeturas o hipótesis, a partir de unos hechos de actualidad comprobados —no necesariamente del día— que se reflejan en el propio texto. Excluye los juicios de valor y se aproxima más al género de opinión, pero se diferencia de él en que no juzga ni pronostica, sino que sólo formula hipótesis, ofrece explicaciones argumentadas y pone en relación datos dispersos

Los idus de mayo

Ni es 15, ni marzo, el más mítico de los idus romanos. Pero como mayo también tiene sus idus y aseguran que la palabra significa 'división', las elecciones tienen algo de idus de mayo, tanto por esa ruptura de la normalidad como por los augurios que siempre las rodean.

"¡Guárdate de los idus de marzo!", clamó el ciego a Julio César, y el emperador se mofó de su tétrica visión. Pero los idus cayeron impecables cual conjura de traición. Nuestros pequeños césares, que estos días nos contemplan desde las farolas con ese aire bravucón e infantil propio de los candidatos, tienen algo de la mofa de Julio César, ajenos a los videntes sin ojos que les avisan de que todo no anda bien.

En campaña electoral, la política no es una dialéctica, sino una religión, ergo los políticos son algo divinos, aspirantes a pequeños dioses del Panteón nacional. Hablarles es difícil. Que escuchen es imposible. Rodeados de un ejército de propagandistas, masajeados por los aduladores del coro y protegidos por sus impertérritos jefes de prensa, quedan tan alejados del suelo que levitan cual gurús.

Si hay algo parecido al mono de Gibraltar, es un candidato, con una salvedad: ciegos y sordos, nunca están mudos. Por ello hablan de asuntos que no interesan, y cuando tocan los interesantes, los hacen de forma burda, más entretenidos en la pelea de barrio que en las cuitas de la gente. Vistos los derroteros por donde caen, en caída libre, las campañas electorales, son éstas las que alejan al ciudadano de la política. Una campaña electoral es la antipolítica por excelencia.

Sin embargo, y aceptada la campaña como un simple anuncio publicitario, no es lo mismo bajar el nivel que hundirse en el abismo. En este sentido, la polémica electoral con la emigración como pista de aterrizaje, es uno de esos ejemplos de vulgaridad política que duelen en el centro de la herida. Soy favorable a hablar de los retos que plantea la emigración musulmana, cuyas bondades son tan claras como serias son sus problemáticas. Y, por supuesto, creo urgente plantear la cuestión del yihadismo, precisamente para desgranar la aportación positiva del islam, de la locura ideológica que secuestra algunas mentes. Pero justamente porque es importante, me parece grave que se use como ruido de una campaña electoral, sin otro objetivo que ganar algún voto estomacal.

La poca altura de miras de todos, desde el tipo del DVD y su demagogia hasta el oportunismo de Artur Mas, pasando por el buenismo irresponsable de Mayol, han hecho lo peor que podían hacer: han simplificado, vulgarizado y embarrado una cuestión que merecía sensibilidad, inteligencia y profundidad. Todo no vale en campaña. Vale hacer el ridículo, besar niños, comprar tomates, vender humo. Pero hacer demagogia con la emigración, es una vergüenza que nos mancha a todos. ¿Quieren debate? Sean serios. Evítenlo en campaña.

Lo que más afecta es lo que sucede más cerca. Para no perderte nada, suscríbete.
Suscríbete

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS