Elecciones municipales 27M
Columna
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Discurso intolerable

Hace unos días tuvimos conocimiento que España había sido felicitada por la forma en que estaba dando respuesta a la integración de los inmigrantes. Es uno de los mejores elogios que, como sociedad, se nos pueden dirigir, porque no creo que haya nadie que no sea consciente de que es un problema difícil de resolver, en especial cuando el crecimiento de la población inmigrante se ha producido de una manera tan súbita y tan intensa como ha ocurrido en nuestro país. Sin ninguna experiencia de absorción de población extranjera, sino más bien de todo lo contrario, los españoles estamos siendo capaces de convivir con los inmigrantes de una manera razonablemente satisfactoria.

Ahora bien, este es un terreno en el que no se puede nunca cantar victoria. Vamos bien, pero no tenemos ninguna garantía de que vayamos a seguir yendo bien. Somos nosotros mismos los que tenemos que saber valorar adecuadamente lo que supone la aportación de la población inmigrante a nuestra sociedad y lo que tanto ellos como nosotros podemos ganar con una convivencia pacífica y solidaria. Y los que tenemos que tener mucho cuidado en no dejarnos arrastrar por mensajes mendaces, pero que pueden tener una cierta apariencia de veracidad. La xenofobia prende fácilmente, en especial cuando se hace uso de ella en campañas electorales. Y especialmente en campañas municipales. Hay experiencias en otros países europeos suficientemente expresivas.

En España hasta ahora nos habíamos librado de discursos de esta naturaleza. Ha habido un discurso genérico sobre el efecto llamada que puso en circulación el entonces ministro de Interior, Jaime Mayor Oreja, al final de la primera legislatura del PP, cuando se debatió en el Congreso de los Diputados la proposición de ley pactada entre todos los grupos parlamentarios de la ley orgánica sobre derechos y libertades de los extranjeros en España y su integración social, pero no ha habido mensajes xenófobos concretos. Ni siquiera después del 11-M.

Desgraciadamente, el candidato del PA a la alcaldía de Sevilla ha decidido romper la norma de respeto a los ciudadanos de otros países que viven en nuestra ciudad y se ha despachado con unas acusaciones sin prueba de ningún tipo contra la Comunidad Islámica de España, promotora de la mezquita de Los Bermejales, en Sevilla, acusándola de tener vínculos con Al Qaeda y de recibir fondos de dicha organización para construir la mencionada mezquita. "Yo no quiero ni puedo permitir que haya en mi ciudad dinero del islamismo radical".

Lo grave, además, no es que lo dijera, sino que se negara a rectificar, habiendo tenido oportunidad de hacerlo. En un mitin siempre puede ocurrir que se diga algo que no se ha reflexionado detenidamente, pero mantener lo que inadvertidamente se ha dicho en caliente tras haber tenido tiempo para reflexionar, no puede tener ningún tipo de justificación.

No tengo la impresión de que este mensaje del PA esté calando en la sociedad sevillana, pero eso no lo convierte en menos peligroso. Porque para que este tipo de mensajes cale, tiene que haber siempre un primer momento en el que el mensaje se lanza sin que parezca que encuentra audiencia. Hay barreras que no se deben traspasar en el discurso político en general y en el electoral en particular, porque una vez que esa barrera se ha traspasado, se puede poner en marcha un proceso que no se puede controlar.

Lo que ha dicho Agustín Villar en estos días puede parecer que tiene poca importancia, pero es un precedente que puede acabar teniéndola. No se puede jugar con fuego en este terreno. Si empezamos por demonizar cualquier manifestación religiosa islámica, vinculándola con el terrorismo, acabaremos teniendo una población inmigrante amedrentada, en la que fácilmente podrá acabar encontrando cobijo aquello que se denuncia sin fundamento. Esperemos que los ciudadanos el día 27 sepan poner a cada uno en su sitio.

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