Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Reportaje:Fórmula 1 | Gran Premio de España

Un pianista al volante

El alemán Sutil aparca los conciertos para abrirse camino en el asfalto con el peor coche

Su vida era como un cuento. A los 10 años, Adrian Sutil (Starnberg, Alemania; 24 años) daba ya conciertos de piano y su madre, pianista profesional, le animaba convencida de su genialidad. Sin embargo, a los 12, el hijo de un uruguayo y una alemana, y con abuelos italianos, brasileños y belgas, se subió a un kart y decidió que era lo suyo. A los 14 abandonó temporalmente sus estudios musicales y a los 16 tenía ya su propio kart y competía cada fin de semana. Ahora es uno de los 22 pilotos con un volante oficial en la fórmula 1. Forma parte del equipo Spyker, el peor, pero no se agobia. Considera que es un eslabón.

"Cuando mi hermano me sentó en aquel kart, descubrí que tenía talento para conducir", confiesa Sutil; "quería ir cada día a practicar. El piano podía esperar". Un vuelco espectacular. Su futuro musical se preveía brillante, como el de su padre, violinista de la Filarmónica de Múnich. Pero en su cabeza ya sólo había espacio para la velocidad.

Del kart pasó a los monoplazas. En 2004 y 2005 compitió ya en las Euroseries de F-3, el último año como compañero de Lewis Hamilton, hoy en McLaren-Mercedes. "Una batalla. Él fue campeón y yo segundo", recuerda Sutil; "era sensacional. Mantenemos la amistad y hemos compartido vacaciones en Bali y Tailandia". A él no le ha sorprendido que el británico realizara un inicio de campeonato tan espectacular y acabara incluso por delante de Fernando Alonso en la última carrera, en Bahrein: "Es muy fuerte mentalmente y, aunque sea su debú en la F-1, tiene mucha experiencia en equipos punteros. No se hundirá".

Mientras tanto, Sutil mira a su amigo, líder del Mundial junto a Alonso y el finlandés Kimi Raikkonen, con sana envidia, consciente de que sus posibilidades no pasan del 15º puesto que logró en Bahrein. "A veces te da la impresión de que vas a por un buen tiempo y, entonces, te pasa como un rayo un Ferrari o un McLaren. Es duro", reconoce quien ni se habla con su compañero de marca, Christian Albers. "Aquí hay que ser egoísta", concluye.

Sutil necesita ahora el piano para recuperar la calma tras el ruido de los motores. "La música fluye de manera natural. No me cuesta nada", afirma. Toca Rapsodie in blue, de George Gershwin, y le gusta el jazz. "Creo que, de algún modo, el piano me ayuda. Me obliga a mantener un alto nivel de concentración. Como en la F-1. Y estoy convencido de que, cuando deje de correr, el piano volverá a llenar mi vida".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 12 de mayo de 2007