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Reportaje:Fútbol | 34ª jornada de Liga

Espíritus de Valdebebas

La plantilla del Madrid vive la lucha por el título sin la euforia que exhibe su presidente

La ciudad deportiva del Madrid en Valdebebas tiene una valla. Se trata de un montaje de tubos de aluminio cromado, de unos cinco metros, que el club instaló en tiempos de Florentino Pérez para que la prensa no se mezclara con los futbolistas, sus primos, hermanos, padres, representantes, agentes de banca, relaciones públicas de discoteca, ex policías, zapateros, oculistas, y cazadores de autógrafos venidos de todos los rincones del globo, entre otros exponentes de lo que el argot bautizó como entorno. Los futbolistas sólo se demoran unos segundos en pasar frente a la valla antes de sumergirse en el entorno. El tránsito es tan fugaz -unos diez segundos- que sólo da tiempo a ver expresiones vagas.

Ayer, tras la goleada del Getafe al Barça, Beckham se mostró sereno, casi nostálgico, en su paso por la valla. "Los grandes equipos como el Barça no se desmoronan fácilmente", dijo el inglés, que ha decidido raparse la melena oxigenada y dar por terminado un ciclo. Lo siguieron Gago taciturno, Emerson optimista, Diarra simpático, Sergio Ramos exultante, Higuaín discreto, Reyes reconcentrado, Raúl sonriente y Guti con el aire placentero de quien se sabe gobernador de su propia vida. Diríase que la plantilla del Madrid no es el monolito espiritual que dice Fabio Capello. Diríase que a los jugadores les da igual lo que haga o deshaga el Barça. En Valdebebas, lo que de verdad preocupa a los futbolistas es si van a jugar de inicio contra el Espanyol. Según estén o no en el once, se alegran o se incomodan.

Guti está feliz a su modo, tranquilamente, porque volverá al equipo titular. El chico de Torrejón es el héroe del momento y gracias a él, Ramón Calderón, el presidente, se explayó en Cuatro con la euforia desbordante que caracteriza a los hinchas: "Estamos en una dinámica imparable". Calderón, que hace unos meses declaró que Guti es "una eterna promesa", se dedica ahora a pronosticar el triunfo.

Capello marca distancias. Su relación con Calderón se ha fracturado. El técnico italiano está convencido de que su presidente, lejos de ampararle a cualquier precio como dice que ha hecho, ha estado negociando con Bernd Schuster para que se haga cargo del equipo a partir de julio.

"Al final de la temporada, nos vamos a encontrar", dijo ayer Capello, que no está muy seguro de su continuidad. La situación de Capello es producto de la realidad contradictoria del club. El entrenador y el presidente dicen estar unidos por un contrato que termina en 2008. Sin embargo, ambos aseguran que deben volver a hablar en junio para resolver si lo cumplen o no. La desconfianza parece mutua.

"Quiero cumplir con mi contrato, pero no depende de mí, sino del presidente", dice Capello. Calderón le replica diciendo lo mismo y anuncia que el Madrid ganará la Liga.

Capello, que asegura que no espera el apoyo de nadie y que trabaja "solo", es más prudente. De lo único que se congratula es de haber cambiado la mentalidad de sus jugadores: "Hemos recuperado el espíritu de equipo. Hemos dejado de ser unos solistas. Éste ha sido mi trabajo más importante". Las sanciones que pesan sobre Robinho y Beckham obligan a Capello a cambiar el equipo inicial. Reyes, más triste que Higuaín al salir de la práctica, debió de percibir que volverá al banquillo. Quizás se equivoque. Con Capello, hasta hoy a la hora de la merienda, nadie puede estar seguro.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 12 de mayo de 2007