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COLUMNA

Utopía

Confieso que la deriva actual de los asuntos polacos, conducidos hacia atrás, a cuatro manos y a lo loco, por los inesperados hermanos Kaczynski -lanzados, sin complejos, a la caza de brujas y de gays-, a menudo me provoca más admiración que perplejidad. Se parece tanto a lo peor de nosotros.

Ahora que celebramos un cumpleaños más bien tristón del fundacional Tratado de Roma, y aprovechando que The Independent enumera 50 razones para animar a los súbditos británicos a que amen a la Unión Europea (uno de los mejores motivos: "Europa ha revolucionado las actitudes británicas ante la comida y lo culinario". Otro: "Introducción del pasaporte para mascotas"), se me ocurre que habría que hacer algo similar con Polonia. Quiero decir que deberíamos elegir o nombrar a tan bello y sufrido país Aliciente para euroescépticos o Paraíso Terrenal para retrógrados.

- Jolines, Menchi, eso que va por ahí como que es una pareja de dos homosexuales casados ambos, no, y con un bebé adoptado y encima negro engullendo un biberón de leche blanca, oye, como que no, eh, la familia por los suelos, no, eh.

- No te preocupes, Borja Mari, divino. Para nada, para nada pero que para nada tenemos que padecer por el desmán a que son sometidas nuestras creencias. Vámonos a Polonia, que nieva que te mueres y te cagas de esquiar mucho más que en Baque-Bé.

- Ay, sí, qué ilu, con Czestochowa cerca. Porque Lourdes se me aparece como minimalista, no, y todo en francés, pero Czesto tiene un puntazo entre I Cruzada y Vlad el Empalador, fashion de la muerte que te cagas.

- ¡Españoles-españoles, decentes-decentes, un paso al frente!

¡Que se está rompiendo España y se han bebido Navarra!

¡Hay que manifestarse en Polonia inmediatamente! ¡Siempre nos quedará Varsovia!

Imaginen lo que sería una España alegre y faldicorta llena de polacos rubios y guapísimos que estén hasta las narices de sus Hermanos Brothers; una España abandonada por la Carcundia autóctona. Y un Aznar definitivamente instalado en las antípodas morales y físicas, es decir, en Sidney-Sidney, ejerciendo de Lord Assimil contra el Withdrawal de Irak.

Mi proyecto será imposible, pero roza la perfección.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 22 de marzo de 2007