Editorial:
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Es responsabilidad del director, y expresa la opinión del diario sobre asuntos de actualidad nacional o internacional

'Adieu', Chirac

Es un adiós definitivo a la política, no un au revoir el que el presidente francés, Jacques Chirac, ha dirigido con la escenificación propia de un personaje histórico, aunque sea con minúsculas, a sus compatriotas al anunciar que no se presentará a la reelección el próximo 22 de abril. Era algo descontado, dado sus bajos niveles de popularidad, a los 74 años, y tras cuatro décadas de cargos públicos. Pocos políticos franceses han sido tantas cosas durante tanto tiempo.

Pese a su larga carrera, Chirac deja un legado de claroscuros. Se le recordará por su decisión, poco después de acceder al Elíseo en 1995, de reanudar las pruebas nucleares en un gesto que pretendía recordar la grandeur francesa. A la vez, como el presidente que supo decirle no a los norteamericanos para la guerra de Irak, pero también como el que no supo convencer a sus conciudadanos de aprobar en referéndum la Constitución europea, ni dimitió después.

Su segundo mandato empezó bajo la deformación de haber sido reelegido por 82% de votos tras el sorprendente y vergonzante paso del derechista Jean-Marie Le Pen a la segunda vuelta, pero nunca contó con tal grado de aprobación. Cohabitó con Mitterrand como primer ministro entre 1986 y 1988, y tuvo que volverlo a hacer, ya como presidente, con el socialista Lionel Jospin tras su gran error de disolver la Asamblea Nacional en 1997. Cuenta en su debe no haber sabido o querido realizar las profundas reformas económicas, sociales y políticas que Francia necesitaba, salvo la reducción del mandato presidencial a cinco años.

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También cuenta negativamente el elevado número de escándalos en que se ha visto implicado. Como presidente ha gozado de una situación de casi irresponsabilidad, pero cuando deje de serlo, los jueces pueden volver a perseguirlo, aunque los franceses no lo reclaman, por los negocios financieros que propició en favor de su partido cuando era alcalde de París. Heredero del gaullismo, creó su propio movimiento, la UMP, que sin cambiar de siglas pasó de la Unión para la Mayoría Presidencial a Unión para un Movimiento Popular. El bulldozer, como le llamó Pompidou, se ha perdido en el politiqueo, tanto que, en los últimos años, meses y semanas, ha hecho todo lo posible para socavar las posibilidades de su heredero al frente de su partido, el aún ministro de Interior, Nicolas Sarkozy. Al anunciar su renuncia a la carrera, Chirac ha tenido buen cuidado de no apoyar la candidatura de su delfín, no fuera a ser que así le ayudara a ganar. Y, sin embargo, Sarkozy se reclama del presidente. Pues sabe que, en el fondo, Chirac cae bien.

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