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Reportaje:

El director de Delphi come solo

El primer ejecutivo de la fábrica de Puerto Real se enfrenta al cierre mientras la multinacional premia al anterior responsable

Gonzalo Herrera almuerza solo. Al fondo del gran comedor donde la plantilla de Delphi Puerto Real repone fuerzas, el director de la fábrica se sienta sin nadie alrededor. Antes solía tener compañía, pero desde que la multinacional de automoción comunicó el pasado 22 de febrero el cierre de la factoría gaditana, con 1.600 trabajadores, no hay quien le acompañe en la mesa.

A Herrera le conocen en Delphi Puerto Real por su nacionalidad: el mexicano. Desde aquella jornada en la que se comunicó el inminente cierre de la fábrica a través de un fax ha sido el único interlocutor visible para los trabajadores y la Administración. Él fue quien comunicó la llegada del fax al comité de empresa. Él fue quien recogió las primeras quejas de los empleados. También recibió al delegado de Empleo de la Junta, Juan Bouza, quien, junto a un notario, se personó en la fábrica dos días después para exigirle una comunicación oficial sobre las intenciones de la empresa, que todavía no se ha producido.

El mexicano Gonzalo Herrera llegó a la dirección de Delphi Puerto Real el pasado año. "Venía con ánimo. Nos dio muchas charlas", recuerda José Crespo, uno de los operarios. Habló de gafas de seguridad. De la importancia de llevar los zapatos reglamentarios. De lo mucho que le preocupaba la prevención de todos los riesgos laborales. Pero nunca se refirió a las intenciones de cerrar la fábrica.

Entre la plantilla cunde la sensación de que Gonzalo Herrera llegó a la fábrica de Puerto Real para cerrarla. Sustituyó en el cargo a Alberto Rojas, quien dejó su puesto de director de la factoría gaditana para ascender hasta el cargo de director de Delphi España y después al puesto de máximo responsable de operaciones de Delphi en Europa. Cuando la compañía comunicó el cierre de sus instalaciones en la Bahía de Cádiz, alegó pérdidas acumuladas de 150 millones de euros en los últimos cinco años. Cuatro de esos años pertenecen a la gestión de Rojas. Delphi castigó a la fábrica por sus malos resultados, pero no a su director; al contrario, le ha premiado con ascensos.

Como director de operaciones en Europa, Rojas es responsable de distribuir las cargas de trabajo entre las fábricas de todo el continente. Los sindicatos no le culpan directamente del cierre, una decisión que atribuyen a la dirección estadounidense, pero sí de haber ocultado datos y de estar favoreciendo un paulatino proceso de deslocalización hacia Polonia. Una semana antes de la comunicación del cierre, el comité se reunió con él. Entonces andaban preocupados por la pérdida de un contrato para la Ford que dejaba en el aire 158 puestos de trabajo. "Nos dijo que se arreglaría y que el trabajo se distribuiría entre las diferentes plantas". Sólo siete días después, Rojas firmaba el fax que comunicaba el cierre de la fábrica, una vez se acabaran las materias primas.

A partir de ahí, ha imperado el silencio. La empresa no quiere hablar con los medios de comunicación. Tampoco el despacho de abogados Garrigues, contratado por la compañía. La Junta de Andalucía ha encontrado problemas para dar con un interlocutor válido con quien negociar. Gonzalo Herrera, el actual director de la planta, se ha ofrecido a ejercer esa función, pero el Gobierno andaluz busca a ese interlocutor en Estados Unidos. Durante los 25 años de implantación de la fábrica en Puerto Real, Delphi ha recibido 62,14 millones de euros en subvenciones e incentivos. Las últimas tres solicitudes, por valor de 13 millones de euros, las firma la dirección española de Delphi Automotive Systems en España. Estos tres expedientes, todavía en trámite, han sido paralizados.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 11 de marzo de 2007