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Moda, amor y máscaras

Esta semana es sugerente para quienes precisan evadirse un poco de la esquiva realidad. Sea usted irracional de forma transitoria y póngase a la moda en la Pasarela Cibeles, que empieza mañana en el Retiro. Déjese arrebatar el miércoles, San Valentín, por los arrullos sinuosos del amor y la lujuria en el parque del Oeste o donde sea. Para rematar la faena, póngase el viernes una máscara de carnaval con la que no le reconozca ni la madre que lo parió y vaya por ahí en plan montaraz susurrando procacidades elegantes y sibilinas a todo bicho viviente. Procure usted no pasarse. Haga caso a Agustín Lara, que sabía mucho del tema: "Las rondas no son buenas, / y hacen daño, / y dan penas..." (Noche de ronda). ¡Y se acaba por pagar!

La Pasarela Cibeles, al margen de otras consideraciones, resulta un esotérico y divertido fenómeno para los profanos. Sería sublime ver llegar a tu jefe con falda a la oficina. ¿Hay algún jefe en el mundo que se atreva a irrumpir así ante sus subordinados? Vaya usted a saber, porque los diseñadores están transformando el universo. Eso tiene un mérito extraordinario. Al fin y al cabo, la moda está hecha para los feos. La gente guapa está bien con cualquier cosa que se ponga encima, e incluso sin nada. En cuanto a san Valentín, habría mucho que hablar. Baste con citar a un estoico contemporáneo de cuyo nombre no logro acordarme: "En el amor no hay que ser valiente, sino Valentín; no hay que ser machote, sino Machín".

El carnaval permite que ciudadanos intachables den rienda suelta a su doble personalidad y sean otros. Mucha gente necesita olvidarse de sí misma durante unos días al año. Todo parece indicar que las personas, para su salud física y mental, deberían dejarse llevar de vez en cuando por algún arrebato de golfería y moderado desenfreno. Procure usted, sin embargo, no hacer el ridículo ante sus conocidos.

Se puede soñar sin asistir a la feria de las vanidades. Basta con escuchar Summertime en la soberana versión de Ella Fitzgerald y Louis Armstrong: "La vida es fácil... / Tu papá es rico / y tu madre es guapa... / ¡Cierra el pico y no me llores!". La felicidad suele durar unos cinco minutos. Eso es lo que hay.

* Este artículo apareció en la edición impresa del sábado, 10 de febrero de 2007.

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