Reportaje:Baloncesto | NBA

La mala fama de Melo

Carmelo Anthony, protagonista de la pelea entre Knicks y Nuggets, se queda fuera del All Star pese a ser el máximo anotador de la Liga

Fue el mejor de la selección estadounidense en el pasado Mundial de Japón, era el máximo anotador de la NBA, un firme candidato al galardón de MVP (jugador más valioso), y su tiempo libre lo dedicaba a ayudar a los más desfavorecidos del barrio en el que creció. Todo ello desapareció de un plumazo la noche del 16 de diciembre, en la que un instante de locura le devolvió al Oeste de Baltimore, uno de los núcleos más peligrosos de Estados Unidos: si no das la cara por tus compañeros, es probable que no salgas adelante.

Carmelo Anthony (Nueva York, Estados Unidos; 1984), el tercero en discordia de la generación de LeBron James y Dwyane Wade, aprendió el pasado verano que en los tiempos que corren la imagen lo es todo. La etapa de los chicos malos que dicen y hacen lo que les viene en gana se acabó. En la nueva era del márketing y de Youtube, las estrellas de la NBA son las que cultivan la imagen tanto como su juego. Kobe Bryant, Vince Carter, Kevin Garnett o su nuevo compañero Allen Iverson son agua pasada. Por ello Anthony rompió con sus amigos cuando, en junio, uno de ellos fue arrestado tras encontrarle la policía marihuana en un coche que conducía él, pero que estaba a nombre de Anthony.

En junio pasado, uno de sus amigos fue arrestado por llevar marihuana en el coche de Anthony

Aprendida la lección, Melo se negó a apelar contra la sanción de 15 partidos impuesta por el comisionado David Stern tras darle un puñetazo a Mardy Collins, de los Knicks de Nueva York, la noche de la pelea en el Madison Square Garden. Fue una cuestión de imagen porque, si lo hubiera hecho, su nombre habría resonado con mayor fuerza en los medios de comunicación y ello era lo último que necesitaba la estrella de los Nuggets de Denver. Pero, tras 36 días de destierro, aún le quedaba recibir el mayor castigo. Los entrenadores de la NBA no le eligieron como suplente del partido de la estrellas cuando nadie lo merecía más. Sólo la lesión de uno de los seleccionados, que permitiría a Stern elegir a su sustituto, podría llevarle a esa cita. Lo cierto es que la NBA nunca ha tenido paciencia con él.

Anthony llegó a la Liga sintiéndose el rey del universo del baloncesto. Acababa de llevar a la universidad de Syracuse al título universitario con 18 años y se le designó jugador franquicia de los Nuggets a los 19. Denver pasó de ganar 17 partidos a 43. Él promediaba 21 puntos y se convertía en el primer novato en elevar a su equipo a los playoffs desde que lo hiciera David Robinson en 1989. Era también la primera vez que Denver alcanzaba la segunda fase desde 1995. Pero Melo no fue elegido novato del año, galardón que se llevó su amigo James probablemente porque en un partido, imitando a Scottie Pippen, se negó a salir del banquillo porque la jugada planificada no le tenía como protagonista.

Nacido Carmelo Iriarte, hijo de padre portorriqueño, Anthony no ha parado de mejorar. Competidor nato, anotó 19,9 puntos de media en el pasado Mundial de Japón y, tras caer ante Grecia en las semifinales, pareció el único afectado del equipo, hasta el punto de que LeBron James se lo tuvo que llevar al vestuario de la mano. Pero el gran defecto de Melo en sus primeros tres años en la Liga fue su incapacidad para delegar responsabilidades. Se tomo tan en serio lo de ser jugador franquicia que se olvidó de que un equipo tiene cinco jugadores en el ataque, pero que para defenderse está el resto.

Antes de la trifulca del Madison, Anthony era el máximo anotador de la Liga con 31 puntos de media, jugaba y se comportaba como un líder y acababa de donar tres millones de dólares a su antigua universidad y uno a la ciudad de Baltimore para crear un centro de ayuda a jóvenes que llevará su nombre. Parecía que, por fin, se sacudiría la mala fama, que se convertiría en all star y que se ganaría un respeto merecido. Pero, después de tres temporadas y media, le toca otra vez volver a empezar.

* Este artículo apareció en la edición impresa del domingo, 04 de febrero de 2007.

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