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Editorial:

Resignados a volar

Gran invento el avión si no fuera por los aeropuertos, convertidos en ratoneras donde el pasajero se ve cada vez con más frecuencia sometido a humillantes violaciones de su intimidad en los controles de seguridad y sujeto al arbitrio y capricho de policías o de simples guardias jurado, celosos en aplicar normas un tanto irracionales y desproporcionadas que, para más escarnio, no han sido bien explicadas por nuestros gobernantes a pesar de la abundante publicidad verbal y escrita con que se nos inunda. No basta que se diga que se toman por nuestro bien para protegernos del terrorismo. La última de estas medidas es la del reglamento comunitario sobre la prohibición de líquidos y geles en el equipaje de mano para volar. La norma, que comporta la ya triste "bolsita transparente" de 20 - 20 centímetros, donde el pasajero debe colocar envases no superiores a 100 mililitros, fue aprobada por la Unión Europea el pasado 27 de septiembre, a raíz de la presunta trama de atentados que se preparaban el pasado verano en el Reino Unido, y entró en vigor el pasado 6 de noviembre.

Lo peor de esta medida es la confusión que crea su aplicación debido a la falta de armonización. No en todos los aeropuertos se ejecuta por igual. Y desde luego, si el viajero se topa con un cazurro vigilante transformado en justiciero, tiene todas las bazas de quedarse en tierra. Lo más triste es que en una organización libre, democrática y transparente como es la UE nuestros gobernantes nos han impuesto el Reglamento 1546/2006 como un trágala y nosotros lo hemos aceptado sin más debate. Y lo más irritante es que el tal reglamento consta de un solo artículo donde se ordena que se apliquen las normas, recogidas en un anexo, acordadas por los expertos y que, naturalmente, son "confidenciales".

Sin duda, los triunfadores de tanta aberración son los propios terroristas. La norma fue decidida con total secretismo, sin consultar a los Parlamentos nacionales y después de que la Comisión informara a puerta cerrada a la Eurocámara sin dar detalles. Un alto funcionario español no ha podido ser más explícito: "Se ha hecho con nocturnidad y alevosía". Pero España no estuvo entre los tres países que pusieron reservas (Italia, Irlanda y la República Checa). Se argumenta que está basada en informes de los servicios secretos británicos y en la "experiencia de los americanos". Y nuestro Gobierno lo ha aceptado sin rechistar.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 11 de diciembre de 2006