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COLUMNA

Qué vídeos

Antes de que el señor Pánico nos visitara y, desde luego, mucho antes de que se presentara de nuevo vestido de Polonio 210 (da qué pensar: hubo 209 polonios antes, sin contar al padre de Ofelia; ¿por qué no nos ponemos a buscarlos?) ... Antes, mucho antes de antes, e incluso del largo paréntesis que acabo de colocarles a ustedes, los vídeos sólo servían para filmar pesadísimas y por ello entrañables escenas familiares y tostonazos detallados de las vacaciones veraniegas de los amigos. Eran vídeos-plasta pero inocentes, no vídeos de lanzamiento de ponzoñas. Pero cuando cuentas con una Twenty Century Faes pletórica de pasta y de talento y con un Michelangelo Rodrigoni al volante de lo creativo supongo que no lo puedes evitar, las manos y la olla se te van en pos de las cintas acusadoras. Como no podía ser menos, desde Ferraz Goldwyn Mayer se han apresurado a grabar la réplica, usando también a los mejores talentos de la casa. Debemos protegernos de las sucesivas entregas de la saga Tiburoncios.

Porque no hay nada como lo antiguo. De súbito, unos y otros, y hasta yo misma, nos hemos visto agradablemente sorprendidos por la irrupción en el mercado, rodeado de escándalo, de un amable vídeo casero de los de antaño, que une a lo familiar lo exótico. No se me ocurre delicia más doméstica que contemplar a una estrella brasileña (¡a chica-chica-booom!) del entretenimiento infantil, hoy cuarentona, filmada en sus años mozos jugando a los médicos con un niño de 13 años (ocurrió en 1982, por entonces los de 13 eran más niños que ahora), siendo ella dizque virgen y él no sabemos. ¡Xuxa! Nuestra heroína de los ochenta y noventa, la Teresa Rabal carioca, la mujer que tuvo a sus pies a Pelé y al presidente Colágeno Menem de la Argentina, la Torrebruno del Cono Sur, la ingenua reina de las crianças, recreando verdaderamente a un crío. That's entertainment!, y no lo otro.

Espero y ansío que el actual Papa haya sido grabado cometiendo la aberración de oficiar una misa flamenca y que alguna filmación del paleolítico nos muestre a Carmencita Martínez-Bordiú Franco aprendiendo a bailar con su abuelo en el palacio de El Pardo.

Cualquier cosa, excepto tener que soportar más vídeos de gresca política.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 30 de noviembre de 2006