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Los escándalos urbanísticos

El PP impone la tramitación de la operación de Mestalla con el rechazo de la oposición

Los socialistas aflojan su presión contra el proyecto tras la reunión con el Valencia CF

El PP impuso ayer su mayoría absoluta en el Ayuntamiento de Valencia para aprobar la salida a exposición pública de la doble operación urbanística que permitirá al Valencia CF construir un nuevo estadio y ganar un mínimo de 100 millones de euros con la venta del suelo de Mestalla. El PSPV-PSOE aflojó la presión contra el plan y se abstuvo en el caso de la información pública para recalificar la parcela del nuevo campo con el argumento de que no habrá un lucro terciario, lo que ve como un "avance" para sus tesis. El PP ligó esta supuesta "conversión" de los socialistas a su comida el jueves con el Valencia.

El equipo de gobierno de la alcaldesa, Rita Barberá, rechazó todas las críticas de la oposición -socialistas y EU-L'Entesa- contra el plan urbanístico, y tampoco atendió la petición de los representantes de las asociaciones vecinales de Benicalap, Campanar y la propia presidenta de la federación, María José Broseta, para buscar otra ubicación al estadio. La zona necesita dotaciones en ese suelo público que perderá para el campo, no más tráfico y ruido, advirtieron los representantes vecinales. Broseta auguró que el futuro campo será una fuente de problemas como lo ha sido Mestalla, cuya ampliación fue ilegal, y denunció que el supuesto interés general de la operación es "una falacia".

La concejal de EU-L'Entesa María Victoria González y el portavoz socialista, Rafael Rubio, rechazaron de nuevo por excesiva la edificabilidad concedida al Valencia CF, que resulta de incluir las calles adyacentes para que "cuadre la cifra mágica" de los metros cuadrados que pretende el club. En su réplica, el portavoz popular y teniente de alcalde, Alfonso Grau, insistió en que la entidad privada tendrá los metros cuadrados "a los que legítimamente tiene derecho" y "no gana nada".

El plan que sale a información pública concede al club de fútbol una edificabilidad de 89.380 metros cuadrados para levantar 750 viviendas y una gran área comercial sobre el suelo del viejo Mestalla. Con los beneficios, de entre 300 y 500 millones de euros, el club pagará el nuevo campo -con un coste de 200 millones- en otra parcela que se privatiza.

El debate en torno a este punto convirtió la reunión del líder de los socialistas valencianos, Joan Ignasi Pla, y el portavoz municipal, Rafael Rubio, con el presidente del Valencia CF, Juan Soler, en el plato principal del pleno. El club emplazó en ese encuentro a los socialistas a "subirse al carro" del nuevo estadio y a apoyar las propuestas llevadas al pleno por el PP, o cuanto menos, a abstenerse. Los socialistas se mostraron abiertos a revisar su postura si se producen cambios en el plan y consideraron un "avance" claro que la parcela del futuro campo no incluya un aprovechamiento terciario, como pretendía el Valencia CF. Rubio puso al día a su grupo antes del pleno en una reunión a la que invitó a la candidata socialista, Carmen Alborch.

Con el argumento de que se han producido cambios en la recalificación del suelo de Cortes Valencianas, Rubio moderó su postura y no puso obstáculo a la exposición pública de esa parte del plan. El solar se mantiene como deportivo aunque de uso privado, compatible con actividades recreativas. El portavoz avisó, no obstante, de que la abstención en este trámite no compromete su voto en la aprobación definitiva de la recalificación, que ahora sólo supone exponer al público la compensación del suelo público que se pierde en Cortes Valencianas por otro en la huerta. La permuta por terrenos equivalentes está por definir y valorar, y formará parte de otro expediente. El portavoz achacó su voto negativo en la comisión de Urbanismo del pasado lunes a que equivocadamente se vinculó este trámite al convenio entre el Ayuntamiento y el Valencia CF que definió las bases de la operación. Rubio ha llevado ese acuerdo a los juzgados.

Grau no desaprovechó la ocasión de cuestionar la coherencia de los socialistas y vinculó la comida con el Valencia CF con un "cambio copernicano" o una "maravillosa y sorprendente conversión" de la postura de rechazo a la operación, que reportará a la entidad privada un mínimo de 100 millones de euros de beneficios con la recalificación del suelo de Mestalla. "Quiero saber si para que usted cambie de postura hay que invitarle a comer", le espetó a Rubio, al que exigió reiteradamente explicaciones al respecto. El portavoz popular insinuó una contrapartida del Valencia CF a los socialistas por la abstención, que "huele a raro".

EU-L'Entesa, que votó en contra de los dos planes, también echó sal a la herida. González afirmó que ni ha comido ni cenado con el Valencia CF, al tiempo que advirtió al PP que al pleno "hay que traer los intereses generales, no lo que acepte el club". La edil invitó al pleno a oír a los ciudadanos, "que han hablado y no quieren la recalificación".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 28 de octubre de 2006