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Reportaje:

Hacia la ciudad 'replicante'

Los ojos y la atención del mundo del arte se dirigen a Oriente. Síntoma de ese enorme polo de atracción es la celebración en estas fechas de cuatro bienales en las ciudades coreanas de Gwangju y Busan, además de las de Singapur y Shanghai. Un paseo por las dos citas del arte contemporáneo en Corea del Sur permite tomar el pulso al fenómeno más relevante del momento.

Puede que la última forma de actividad no privada que le queda al individuo sea comprar. Comprar en las grandes boutiques de moda, en los chinos. Dudar entre adquirir ropa de segunda mano en los Encantes o en una guerrilla shop. Comprar en las tiendas de aeropuerto, de la estación del ferrocarril. Shopping, vending, marketing, ebaying.

Los museos son tiendas. Las bienales, experimentos celebratorios del caos urbano.

Sostiene Rem Koolhaas, en su descripción de las "Ciudades de Diferencia Exacerbada" (las megápolis chinas de Cantón, Dongguan y Shenzhen), que los nuevos patrones urbanísticos están definidos casi diacríticamente en un campo de atracción y repulsión. Un caso específico y obvio es la ciudad de Busan, el primer puerto surcoreano conocido por su festival de cine y su delirante puente estilo brooklyn, que ha acabado engullido por su propia voracidad gracias a la paradoja incesante de la rigidez y flujo que caracteriza hoy el capitalismo avanzado. Busan era un tranquilo pueblo pesquero antes de que la turistización y el auge de la industria naval lo transformaran en un insípido híbrido metropolitano de cinco millones de almas. La segunda ciudad industrial de Corea del Sur es hoy una enorme extensión de bloques de cemento, acongojada entre montañas sepultadas bajo el hormigón y un puerto ostensiblemente militarizado. Resultado de la humillación constante del terrain vague. Busan es un ejemplo de libro que instruye y avisa sobre la patologización suburbana y la lobotomización del urbanismo racionalista, de manera que si quisiéramos adivinar el futuro no muy lejano de algunas ciudades de la costa mediterránea española, encontraríamos en ella el mejor patrón.

Quizás el reto de una bienal hoy sea vestir el evento con un buen diseño

En Busan se celebra desde principios de septiembre y hasta el 29 de noviembre la II Bienal de Arte Contemporáneo, comisariada por Manu Park, con el título de Historia de dos ciudades: Busan/Seúl-Seúl/Busan -préstamo de la novela de Charles Dickens, una love story escrita después de la caída de la primera revolución proletaria en Francia-. La exhibición reúne 140 obras de autores de 40 países que, con mayor o menor éxito, aluden a la hiperconcentración urbanística de Seúl, un fenómeno que Busan ha mimetizado aún más catastróficamente y que está relacionado con la experiencia poscolonial y la veloz modernización korean-style.

La bienal tiene cinco localizaciones, denominadas CAFE (Contemporary Art for Everyone); las de más octanaje, aunque descafeinadas, se sitúan en el Museo de Arte Moderno de la ciudad y en el puerto olímpico de la bahía de Sooyoung. Una idea que podría relacionarse con ciertos comportamientos económicos de la ciudad global, un estilo de consumo Starbucks, donde la gente puede sentarse a descansar, leer el periódico o, simplemente, pensar. "Los amantes pueden usarlo para intercambiar su amor. Abogamos por el arte con relación a la vida, el público puede tomarle la medida al arte", sugiere Park.

Sin embargo, poco o casi na

da "dadaísta" sucede en este gran café del arte, con un predominio exagerado de megainstalaciones incrustadas en un diseño de ciudad replicante, un caos rígido, sin memoria, donde las obras parecen competir entre sí y, en ese pugilato, desvanecerse. Parecido a lo que ocurrió hace un par de semanas con las piezas que se exhibían frente a la playa de Busan, en el CAFE 2. Una gran ola marina se las tragó. Aquel tsunami fue el epítome de la economía urbana que caracteriza hoy las grandes urbes de economía "sociorrealista", que apenas dejan tras de sí el rastro de las estructuras derribadas antes de erigirse. Sólo algunos trabajos aislados, como los vídeos de Joan Jonas y David Lamelas, los collages en blanco y negro de Jakob Kolding, las casas en los árboles de Simon Starling, o la instalación de Cao Fei, con su proyecto hecho en la impresionante fábrica de bombillas Osram, en el delta del río de la Perla, merecen una atención aparte.

Paralelamente, en la rebelde Gwangju -en 1980, el régimen militar aplastó una manifestación de cientos de miles de personas, causando la muerte de 2.000- se desarrolla la VI bienal titulada Fever Variations, comisariada por la prestigiosa historiadora y feminista Kim Hong-hee, directora del centro Ssamzie de Seúl. Asistida por un grupo de siete curadores, liderados por Beck Jee-sook, director de proyectos del Insa Art Space de la capital coreana, y Wu Hung, responsable del Center for the Art of East Asia de la Universidad de Chicago, Kim Hong-hee ha diseñado un evento más atractivo que la propuesta de Busan, con la idea de reseguir dos rutas; la primera, bajo el epígrafe de "Unfolding Asian Stories", despliega las raíces asiáticas en el arte y cultura contemporáneas; un segundo bloque, "Remapping Global Cities", es un intento de "mapear" la concurrencia de simultaneidades globales en ciudades de América, Asia, Oriente Próximo y Europa, desde una posición conciliadora entre la historia y las fuerzas del capitalismo.

Reflejo del dinamismo y exce

lencia del arte surcoreano son los trabajos de Lee Sookyung, Kim Sang Yeon, Jeong Kiheoun & Siyon Jin, Michael Joo, los colectivos Mixrice y Flying City, Song Sang-hee o Gimhongsok, este último con una de las mejores aportaciones en esta bienal, un environment que describe la alienación y la falta de comunicación en las sociedades de crecimiento rápido. La mención que Gimhongsok hace de un trabajo reciente de Santiago Sierra es divertida, y satisfará a sus críticos más feroces. Otras obras no menos impactantes, por delicadas, son las de los japoneses Miwa Yanagi, Rei Naito, Chiharu Shiota, Akio Kamisato; más agresivas, las de los vietnamitas Dinh Q. Lê y Jun Nguyen-Hatsushiba, y el taiwanés Chen Chieh-jen (su vídeo, Lingchi: Echoes of Historical Photograph, se estrenó hace dos años en la bienal de Taipei). Reivindicativos, los de la autora del Kurdistán Susan Meiselas, el indio Raquib Sahw y los chinos Zhang Dali, Zhao Xiang Yuan & Song Dong (Waste not); estos últimos despliegan una impresionante instalación con millares de objetos de uso cotidiano y paquetes de alimentos que la madre de uno de los artistas guardó en su casa durante treinta años en señal de duelo por su marido muerto. Se trata de un retrato de la frugalidad vivida por la última generación del régimen maoísta.

Lise Autogena y Joshua Portway plantean en Most Blue Skies el sublime tecnológico, liberado de todo romanticismo. Erik Van Lieshout, el dúo lituano Nomeda & Gediminas Urbonas, Michael Elmgreen & Ingar Dragset, Dias & Riedweg y el colectivo Copenhagen Free University rodean cuestiones como el nacionalismo y la xenofobia, el control de los Estados y el miedo, la comunicación intercultural o la espectacularización en la representación del "Otro".

El artista tailandés Vasan Sitthiket ha creado un teatro de sombras y marionetas, Out of Chaos, con cincuenta personajes que representan a políticos "que han engrasado la maquinaria para llevar al mundo al desastre". Durante los días que dura la bienal, el artista improvisa una representación cuyo guión depende de la situación del mundo en esa jornada. Ni que decir tiene que la escenificación pocas horas después de la primera prueba nuclear realizada por Corea del Norte fue la esperada.

Un apartado especial dedica

do a Fluxus y a la influencia que la cultura y pensamiento oriental tuvieron en este colectivo artístico apunta a uno de los aspectos de esta bienal coreana, el pedagógico. Cada edición de Gwangju recibe, desde hace diez años, más de 600.000 personas, una cifra parecida visitó las últimas ediciones de la Bienal de Venecia y la Documenta de Kassel. En el caso de la ciudad surcoreana, la mayoría son estudiantes adolescentes, uniformados, que se pasean por las salas de exhibición alocada y compulsivamente.

¿Puede el arte convertirse en un auténtico producto en la nueva ciudad replicante? La respuesta la encontramos en estos acontecimientos asiáticos. Quizás el reto de una bienal hoy sea el vestir evento con un buen diseño. La última, en la Bienal de Shanghai, no ocultaba esta intención. Ni el objetivo: rediseñar, reformatear, recolocar, distribuir la misma mercancía para saciar el deseo de los futuros consumidores.

Bienal de Busan. Director: Manu Park. Hasta el 29 de noviembre. Bienal de Gwangju. Directora: Kim Hong-hee. Hasta el 15 de noviembre. Corea del Sur. Selección de obras de la bienal de Gwangju en la próxima edición de Arco 2007. Bienal de Singapur. Dirección artística de Fumio Nanjo. Hasta el 12 de noviembre. Bienal de Shanghai. Dirección artística de Zhang Ping. Hasta el 5 de noviembre.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 28 de octubre de 2006