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CARTAS AL DIRECTOR

Un halo de esperanza

Los cambios sociales en nuestros días han provocado un dramático panorama de soledad en nuestros ancianos. Muchas de estas personas no pueden acceder a una plaza en una residencia pública debido, en gran medida, a las enormes listas de espera existentes por la ausencia de residencias para cubrir esta demanda y por la pesada maquinaria burocrática a la que las familias deben enfrentarse. Además, la carestía actual de las residencias privadas amparadas en la economía de mercado las convierten en un artículo de lujo, demasiado precio para personas con tan bajo poder adquisitivo. Además, todo el peso de sus cuidados, mientras otorgan la deseada plaza, recae sobre los impotentes familiares que ven mermadas sus fuerzas día tras día. Por ello, lo único que reclamo es que nuestras administraciones hagan el esfuerzo de habilitar más plazas para nuestros ancianos, a los que tanto debemos y a los que tan rápido abandonamos, y que escuchemos a los familiares, grandes olvidados en esta situación.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 14 de octubre de 2006