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Crónica:Fútbol | Cuarta jornada de Liga

Un triunfo rácano

El Madrid se hace con la victoria en otro partido sin atractivo pero extremadamente rentable para sus intereses

El Madrid más italiano de la historia lo que busca este año, según algunos de sus principales protagonistas, es ganar. Pues eso. Ayer, tras una castaña de partido se abrazaron sus jugadores en el centro de campo del estadio de Heliópolis como si el rácano 0-1 logrado ayer hubiera sido la pera. Ahora bien, peor fue el Betis, que no lo dude nadie.

Irureta pidió "bemoles" a sus jugadores. Pero quizá debió de haberles pedido que intentaran quedarse con la pelota, que es el elemento esencial del juego, y el Betis ayer ni la quiso ni la supo tratar. Eso que le regalaron al Madrid, que tampoco es que recibiera la dádiva dando saltos mortales de alegría. Pero sí que le vino bien para adelantarse en el marcador y matar el partido. Que lo mató bien matado.

Entre que el Madrid salió a achuchar y al Betis parecía que le daba apuro presionar y que el portero verdiblanco sigue alternando fallos garrafales, con otros de menos pelo y algún acierto, el Madrid se adelantó con un cabezazo de potencia de Diarra desde el borde del área pequeña tras el saque en corto de un córner y la posterior comba de Reyes. Habían pasado seis minutos.

Pues si el Betis no se atrevía a mucho, tras el gol fue un verdadero pelele. El Madrid pudo marcar de nuevo dos minutos después del cabezazo de Diarra, Reyes se coló por la derecha, pero como es zurdo perdió el tiempo del sosiego en pasársela a su pierna buena y cuando chutó lo hizo ya con el susto de la presión de los defensas verdiblancos y el disparo se le escapó por unos centímetros.

A partir de ahí, el partido fue como para regalarlo. Lo único que se puede destacar el juego de los madridistas fue lo que pudo hacer Guti. Ante el respeto miedoso de los verdiblancos, el equipo de Fabio Capello -aparte de dormirse- adelantó a sus dos centrocampistas que juegan en horizontal, casi al unísono, y dio libertad al más vertical: Guti.

Por lo menos, el madridista ofreció algo digno de ver en un campo de fútbol. Un pase en paralelo por aquí, un cambio de juego por allá... Guti articuló el juego madridista acercándose a los defensa cuando no encontraban línea de pase y a los delanteros cuando a uno de ellos se le ocurría desmarcarse. Que tampoco fue tan frecuente.

A Van Nistelrooy hubo que esperar hasta la segunda mitad para verle. Y además, Doblas le robó la cartera cuando lo más fácil parecía que era driblar al portero. Reyes corrió y corrió y dispuso de la oportunidad antes mencionada y acabó retirándose por un problema en el gemelo derecho. Cassano fue la versión delgada del del año pasado, pero aparte de estética, poco más ganó el Madrid con su aportación. Para colmo, desperdició de manera totalmente absurda e incluso podría decirse que insoportablemente frívola su única oportunidad de gol de todo el partido. Un buen centro desde la derecha lo intentó rematar el italiano de tacón con tan mala suerte que lo que lo único que hizo fue el ridículo cuando la pelota chocó contra su otra pierna.

Pero el Madrid ganó. Y, por lo visto, eso es lo único que le interesa este curso, por lo que sus desempeño fue un éxito. Lo del Betis es bastante más doloroso. Aparte de no llevarse ni un punto, perdió casi todo el crédito que logró en el derby contra el Sevilla. A pesar de la derrota, en Nervión pareció que Irureta había encontrado un cierto modelo de equipo. Ayer ni Vogel, el máximo candidato a alumno predilecto del entrenador vasco se salvó.

La única oportunidad de gol la tuvo Juanito en el minuto 35, cuando logró superar por una vez a Sergio Ramos, remató picado y Casillas paró. Lo peor fue la incapacidad de los verdiblancos para construir.

En el partido de ayer, ambos equipos querían redimirse de críticas y malhaceres varios. Ninguno lo consiguió. El Madrid ganó aunque siguió alimentando su fama de hacer un fútbol, que es una verdadera castaña.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 24 de septiembre de 2006