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Fútbol | Tercera jornada de Liga

Los niños refrescan Riazor

El Deportivo, lleno de energía y dinamismo, aturde al Villarreal

Xosé Hermida

Los niños presentaron anoche su manifiesto revolucionario en Riazor. Y el programa sonó tan bien que hasta puede que logre despertar a la multitud escéptica en que se ha convertido el deportivismo. El triunfo del Depor tuvo la marca de un veterano, Capdevila, autor de los dos goles, pero la puesta en escena sonó con la música desenfadada y energética del grupo de chicos que ha reunido Joaquín Caparrós. El despliegue de la muchachada blanquiazul aturdió al Villarreal.

Al Depor lo contagió la ligereza del vuelo de una gaviota. Recién arrancado el choque, el pájaro marino se posó sobre el césped y obligó a suspender el juego durante un instante. El episodio fue como una señal para el Depor, que reanudó el partido con un inmediato golazo de Capdevila. A partir de ese momento, los niños se echaron al recreo con una algarabía desbordante.

DEPORTIVO 2 VILLARREAL 0

Deportivo: Aouate; Barragán, Lopo, Arbeloa, Capdevila; Coloccini, Sergio (Duscher m. 64); Arizmendi, Juan Rodríguez, Riki (Estoyanoff m. 77); y Cristián (Filipe m. 73).

Villarreal: Viera; Javi Venta, Quique Álvarez, Peña (Fuentes m. 32), Arruabarrena; Senna, Tachinardi, Somoza (José Mari m. 46); Riquelme; Nihat y Guille Franco (Forlán m. 68).

Goles: 1-0. M.3. Cambio de juego de Sergio desde la derecha, Capdevila recibe en el vértice contrario del área y su gran zurdazo entra por la escuadra. 2-0. M.67. Falta que centra Riki sobre el área y Capdevila, solo, vuelve a marcar de un tiro a bocajarro.

Árbitro: Undiano Mallenco. Amonestó a Somoza, Venta, Lopo, Arruabarrena y Senna.

Unos 20.000 espectadores en Riazor.

El Depor ajado de los dos últimos años dejó pasó a una exhibición de todas las virtudes de la juventud: la energía, el descaro, la frescura y el dinamismo. En el despliegue participaron todos, los laterales, los centrocampistas y los extremos. En la primera parte, el Depor fue un prodigio de colectivismo, un canto a la ortodoxia caparrosiana: nadie descolló en exceso y nadie desentonó. El técnico debía de relamirse en el banquillo. Su constante movimiento de piezas en el ataque, entre Arizmendi, Cristián y Riki, sin un delantero centro definido, había logrado marear al Villarreal.

El conjunto de Pellegrini se perdió en la bruma. La electricidad del Depor paralizó los órganos vitales del Villarreal. Como su medio para avanzar es siempre el toque, no pudo ni acercarse al área. Hasta el descanso, el único testimonio de la presencia visitante fueron un par de pases de Riquelme -sublimes, por supuesto- que se toparon con una defensa muy eficaz tirando el fuera de juego. Pellegrini, que había salido con tres mediocentros, llamó a zafarrancho en el descanso y prescindió de uno de ellos, Somoza, para reforzar el ataque con José Mari. El equipo respondió de inmediato. Como el Depor no cedió, el partido pasó del monólogo al diálogo más fluido. En cinco minutos, el Villarreal generó más juego que en toda la primera parte. Al principio, el Depor no dejó de contestar a los golpes, pero cada vez empezó a costarle más. Cuando el Villarreal empezaba a hacer verosímil el empate, dio una concesión fatal. La aprovechó Capdevila, la mano experta que puso la guinda al manifiesto de la chiquillada.

Juan Rodríguez disputa el balón con Somoza.
Juan Rodríguez disputa el balón con Somoza.ÓSCAR PARIS

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Sobre la firma

Xosé Hermida
Es corresponsal parlamentario de EL PAÍS. Anteriormente ejerció como redactor jefe de España y delegado en Brasil y Galicia. Ha pasado también por las secciones de Deportes, Reportajes y El País Semanal. Sus primeros trabajos fueron en el diario El Correo Gallego y en la emisora Radio Galega.

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