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Análisis:A LA PARRILLA

Él

Por pudor evito el término fascinante para definir la entrevista a Natascha Kampusch emitida en gran exclusiva por Antena 3, que fue, en todo caso, impresionante. La joven secuestrada ha dicho en otras declaraciones que de mayor quiere ser periodista o actriz, y, efectivamente, algo teatral (como de un filme de cámara de Ingmar Bergman) había en el intenso cruce de miradas entre el entrevistador, el psicólogo vigilante en el plató y la muchacha, en el estudiado atuendo de azules y morados de Natascha, en el juego de abanico de sus manos, en los extensos tiempos en que cerraba los ojos al hablar. Me acordé, otro transfert cinematográfico, de la Juana de Arco de Dreyer, si bien esta moderna víctima de la vesania era más risueña, más coqueta, y se permitía reprochar y apremiar al periodista. Como en otros famosos casos de secuestro, Natascha no mostró repugnancia ni resentimiento hacia su raptor, Wolfgang Priklopil, a quien en todo momento llamó "él" (y de nuevo el cine: Él era el celoso psicópata de la película de Buñuel que el Doctor Lacan, el Mabuse del psicoanálisis, solía proyectar en sus lecciones clínicas). "Él", dijo Natascha, era "amable de alguna manera", y "deseaba en el fondo que yo me escapase", para que su gran complejo de culpa sufriese castigo. La chica esconde evidentemente un secreto, y, si lo permite nuestra curiosidad malsana, en esa zona íntima de misterio basará su restablecimiento.

A Natascha no le ha gustado que las cámaras mostrasen el cubículo donde la tenía él, pues, por asfixiante que fuese, era su espacio privado. En la misma noche de la entrevista vimos otros cubiles. En los informativos, una alimaña con pantalón y camisa, el etarra Iñaki Bilbao, pedía a tiras la piel humana. En Tele 5, un grupo de secuestrados voluntarios se metía en la famosa finca de Guadalix para disputarse la primacía del Gran Hermano. Esta vez hasta los sesentones han optado a una plaza, pero a mí me da que la cosa va a estar entre el guaperas tatuado, el irlandés chistoso y la brasilera amante de su perro. Psicopatías benignas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 9 de septiembre de 2006