Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Crítica:TEATRO

La 'Medea' ritual de Atalaya

La compañía sevillana refunde las versiones de Eurípides, Séneca, Grillparzer, Müller y Pasolini en el montaje que presenta en el Teatro Español de Madrid.

Raro empeño el de Ricardo Iniesta. El director de Atalaya lleva dos décadas reelaborando el lenguaje de las vanguardias de los años veinte desde una perspectiva actual. Sus actores tienen entrenamiento de atletas: se mueven con precisión coreográfica y gestos amplios, hacen un trabajo exhaustivo y extenuante, inhabitual en España. Basta una foto de cualquiera de los espectáculos de Iniesta para identificarlo como suyo. Las de La rebelión de los objetos, de Maiakovski, el cuarto que montó, evocan con fuerza montajes de Vajtangov, Tairov y Meyerhold. Su Elektra (1996) era un catálogo de soluciones escénicas, un derroche de energía interpretativa, una tormenta sin pausa. Brillaba pero no convencía. Iniesta y Atalaya aprendieron la lección. En 1998 hicieron Divinas palabras en formato de cámara, con un ritmo endiablado y una interpretación física expresionista. Su montaje iba como un tiro. El director jienense lleva el antinaturalismo a sus consecuencias últimas. Entrena a sus actores con ejercicios biomecánicos, los pone en manos de maestros de danza kathakali y de canto zulú. En Elektra emulaba la Fedra de Tairov, vanguardista y arcaica a la vez. Su Medea, estrenada en 2004 en los festivales de Mérida y Viena, está mucho más depurada y cuajada. Es un espectáculo completo, con la obra de Eurípides como columna vertebral y Medea-Material, de Heiner Müller, latiendo en el pecho. Carlos Iniesta, hermano del director, ha cosido ambas versiones del mito con fragmentos de las de Séneca, Grillparzer, Pasolini y Apolonio de Rodas, para contar la historia de la hechicera y de Jasón desde el principio: Eurípides la cogió cerca del desenlace porque el público griego se la sabía de memoria.

La Medea de Atalaya, que se

estrena

en Madrid el 13 de septiembre, arranca con la protagonista huyendo del brazo de Jasón, mar adentro. Es una joven ardiente: lo deja todo por su hombre. Viaja con él en la nave de los argonautas: cuatro bastidores ensamblados en forma de rectángulo y unidos por unas cuerdas. Parece un somier vetusto. La pareja es perseguida por la escuadra del rey de la Cólquide, el padre de Medea, formada por artefactos iguales al de los argonautas. Los intérpretes los colocan en vertical, trepan cuerdas arriba, saltan al abordaje, les sacan todo el partido posible. Atalaya da mucho con poco. Estos rectángulos de madera son uno de los dos leitmotivs escenográficos de la función. El otro es una serie de tablas anchas gemelas en forma de cuña, de unos tres metros de largo, que los actores levantan, alinean, entrecruzan y convierten en bosque, pórtico, rampa, nao y plinto. Vi este montaje en el dificilísimo, por enorme, Anfiteatro Romano de Mérida, y pasaba batería. Acababan de estrenarlo. Un mes después, en el minúsculo Real Coliseo Carlos III de El Escorial, estaba mucho más redondeado. Ahora lleva dos años de rodaje y más de 150 funciones.

En Medea son excelentes la banda musical grabada y, sobre todo, el empleo de la voz en vivo. Los intérpretes han hecho suyos cantos rituales de la India, Irán, Hungría, Albania..., ayudados por Esperanza Abad. Hay un planto africano, y un monólogo de la protagonista dicho en griego antiguo por Aurora Casado, que produce pavor: es una araña esperando la caída de Creonte en su tela. También emociona el dúo telúrico de Medea-fuego, fascinada por el extranjero que la corteja (Silvia Garzón), con Medea-tierra, permanentemente fiel a los suyos (María Martínez de Tejada). La protagonista se desdobla primero, y después se multiplica por cuatro. Charo Sojo, magnífica en el monólogo del parricidio -"¡Devolvédle a mi vientre vuestras entrañas! (...) Quiero romper la humanidad en dos partes, y vivir en el vacío que quede en medio"-, ha dejado su plaza a Marga Reyes, otra veterana de Atalaya.La compañía andaluza ha estrenado recientemente un montaje de La ópera de tres centavos, de Brecht, que este mes se verá en Palencia y el próximo en Girona, Guadalajara, Vitoria, Avilés, Gijón y Cádiz.

Medea. Madrid. Teatro Español. Del 13 al 17 de septiembre. La ópera de tres centavos. Palencia( Teatro Principal. 26 y 27 de septiembre). Girona (Teatre Municipal, 14 de octubre).

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 9 de septiembre de 2006