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Mundial de baloncesto 2006 | Una gesta inolvidable

Deuda saldada

Después de darle tantas vueltas a los efectos que podía producir la baja de Pau Gasol, va el equipo español y reduce a cenizas a una Grecia exultante por su gran triunfo ante EEUU. De todas las posibilidades barajadas, el convertir en una caricatura de equipo al campeón de Europa no era una de las más previsibles y sólo manejando las cuestiones sicológicas que gravitan sobre cualquier partido de esta envergadura pueden explicar tamaña diferencia. Una vez visto lo ocurrido, resulta más fácil de explicar. La baja de Pau tuvo un efecto tan saludable en los españoles como dañino en los griegos. Su ausencia planteó un escenario diferente al previsto. De repente, los griegos estaban obligados a aprovecharse del supuesto golpe de suerte y en cambio España llegaba el partido con coartada. No es este grupo amigo de buscar excusas, pero la había. Pero en lugar de recordar al ausente los once jugadores de Pepu Hernández encontraron el momento propicio de saldar una deuda. La que tienen con el maravilloso Pau. Ellos saben que son un equipo, conocen la fuerza que les da el colectivo, pero de la misma manera comprenden a la perfección que la extraordinaria racha que vive la selección española de baloncesto no sería tal sin el concurso de Gasol. Su determinación para venir a representar a España, su convencimiento de que el título no era un sueño y su rendimiento fuera de serie han sido otros de los elementos de cohesión que ha dado como resultado este grupo ejemplar. Por eso, y por supuesto por la amistad y admiración que le profesan, todos se conjuraron en devolverle la sonrisa. Igual no se puede ganar un campeonato del mundo sin Gasol, pero sí un partido.

Con esta situación emocional tan particular, el equipo español salió dispuesto a comerse a los griegos. Y vaya que si lo consiguieron. Sobre todo en defensa. Entre el impecable planteamiento táctico y el ardor que pusieron todos, Grecia se vio tan sorprendida que, cuando se quiso dar cuenta, tenía medio partido perdido. Al principio se podía pensar que cuando saliesen del banquillo Papaloukas y Spanoulis, unido al angelito Schortsianitis la cosa no sería tan sencilla. Había ocurrido en otras ocasiones. Iannakis les da unos minutos para que puedan observar desde fuera el desarrollo del partido y luego les otorga mando en plaza para que aprovechen esa mirada externa. Pero esta vez quizás se le fue la mano. Cuando entraron en cancha, el equipo español estaba lanzado y más convencido que nunca de que su sueño estaba cerca de cumplirse. Ni con unos ni con otros Grecia encontraba un resquicio donde poder llegar a unos números mínimamente presentables en ataque. Iban entrando los reemplazos españoles y aquello se ponía cada vez más difícil. Muy inteligente la opción Cabezas-Berni, en lugar de la de Sergio-Rudy, más lógica si se tenía en cuenta lo ocurrido en la semifinal. Pero Pepu entendió con acierto que para lo que pretendía, que los griegos siguiesen sin encontrar donde estaba el aro, los malagueños eran mejor elección. Y allí estaban Felipe y Marc Gasol para pegarse con Schortsianitis, y Jiménez para coger todos los rebotes, Navarro para poner el marcador fuera de alcance y Garbajosa para todo. Vaya partido se cascó el futuro Raptor. Estuvo en misa y repicando, cuando dice el refrán que eso es imposible. Pero esta vez lo consiguió. Triples, defensa, intimidación, prácticamente todo lo que hizo tuvo sentido y oportunidad. Con una actuación ejemplar se ganó el derecho de formar parte del quinteto ideal del campeonato.

Al final de tercer cuarto, el pescado estaba todo vendido, por lo que de ahí hasta el final, fiesta. Llegaba el momento de acercarse uno por uno a Pau, de decirle que aquello iba por él, de que se abrazasen los hermanos llorando, se desatase la locura y todos, jugadores, demás componentes del equipo, periodistas y aficionados disfrutásemos de un éxito sin precedentes. España es campeón del mundo. Cuesta hasta escribirlo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 4 de septiembre de 2006