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Entrevista:AQUÍ, UNOS AMIGOS

Leo Bassi: "Algún cardenal y los 'fachas' la han tomado conmigo"

Enrique Miret Magdalena "Sí, pero me da la impresión de que te gusta"

Hoy en ELPAIS.es: EP3 te cuenta las primeras impresiones sobre Alatriste antes de su estreno en los cines / Siga en un especial sobre el Mundial de baloncesto a los posibles rivales de España en la última ronda / El mercado de fichajes de los equipos de fútbol, en un especial actualizado día a díaUn bufón blasfemo en sus espectáculos y un teólogo liberal conversan civilizadamente sobre las formas en que puede aparecerse Dios, si es que existe. Leo Bassi, de 54 años, ciudadano del mundo, payaso, se encuentra con Enrique Miret Magdalena, de 92 años, en su casa de Colmenar Viejo. El bufón trata de usted y el teólogo tutea. Beben un poco de agua.

Leo. Esta lucha declarada de Benedicto XVI contra el relativismo, ¿qué le parece? Porque a mí me da miedo.

Enrique. No, mira, yo de este Papa no tengo miedo. Me daba más miedo Juan Pablo II. Era un polaco acostumbrado a la lucha contra dos enemigos, Rusia y Alemania. De este actual hay que pensar por qué se puso este nombre.

Leo. ¿Por qué?

Enrique. Ha querido recoger la idea de Benedicto XV, un gran Papa en tiempos de la guerra europea que procuró la paz y luchó contra los integristas católicos.

Leo. Pero, esa palabra que quiere combatir: relativismo... Un payaso, un bufón, es un relativista. Relativismo significa la negación de lo absoluto. Cuando hablan de eso tengo miedo, porque un bufón puede ser el chivo expiatorio otra vez.

Enrique. Yo me considero católico, pero como los pensadores del siglo de oro. Tengo una postura abierta y crítica del cristianismo porque me lo han enseñado ellos y me sorprende que los obispos sean tan conservadores: son los más retrasados del mundo actual. Yo antepongo la razón a la fe y relativizo lo que digan las autoridades de la Iglesia. Pero cuando el Papa habla del relativismo, quizá no lo entendemos. Quizá se refiere a que somos buscadores de la verdad y no poseedores de la misma. Y el relativista es quien no la busca.

Leo. Mucha gente la busca, lo que pasa es que creen que hay muchas verdades diferentes.

Enrique. Ortega y Gasset lo denominaba perspectivismo. Una parte de la verdad, nunca la verdad completa.

Leo. Algún cardenal y los fachas la han tomado un poco conmigo.

Enrique. Sí, pero me da la impresión de que te gusta.

Leo. Bueno, hasta dijeron que mi espectáculo era un atentado contra la libertad religiosa dos días antes de que me pusieran una bomba con más de medio kilo en el teatro Alfil. Que me critiquen, vale, pero que utilicen palabras que puedan despertar en mentes locas la idea de que pueden salvar a Cristo matándome, no me parece bien, así que personas como monseñor Cañizares deberían medir un poco sus palabras.

Enrique. Lo conozco mucho. Desde hace muchos años, cuando él era progresista, fíjate lo que te digo; pero fue subiendo y, conforme escalaba, se hacía más conservador, hasta que ya ha llegado al súmmum, que le nombren cardenal.

Leo. Yo quería comentar con usted mi idea de la imperfección. He llegado a pensar que amo mucho más la imperfección que la perfección. Y eso es lo que creo que me separa de una idea de Dios. Como bufón me siento un héroe de la imperfección. En la imperfección encontramos la duda y por eso es mi gran amor. Que descubran grandes agujeros en mi lógica. ¿Usted que cree?

Enrique. Algo parecido a lo tuyo. Cuando lees la vida de los santos ves que tienen imperfecciones.

Leo. Escrivá de Balaguer, no.

Enrique. Ya, pero es que es un santo extraño. Los santos son imperfectos, tienen buena voluntad, eso sí. Si no, serían ovnis.

Leo. Y Dios, ¿es imperfecto?

Enrique. De Dios no podemos decir lo que es, sólo lo que no es. Esto lo he aprendido de san Agustín y de santo Tomás de Aquino. Me inclino a creer que es la experiencia de estar abierto a los demás.

Leo. Pero ¿no es ésa la naturaleza de los animales? Ellos se abren. Como hombre de circo, he vivido rodeado de monos y veo que juegan o mueren de pena. No he hablado de Dios con un mono. Pero creo que hay perros que tienen sentido del humor.

Enrique. Yo creo que los perros no se ríen.

Leo. Hay perros con sentido del humor y perros con mala leche.

Enrique. Eso es otra cosa.

Leo. No. Mueven la cola, y si les das y les quitas una pelota, ves que se ríen. Nosotros somos así y en la cabeza de los animales no hay un Dios dentro.

Enrique. Yo insisto en que es esa experiencia de apertura. El impulso creador que mueve la evolución. No un objeto.

Leo. No, no es ese señor con barba sentado en las nubes.

Enrique. Como en los cuentos de Calleja, con barba blanca, que daba miedo verle.

Leo. Y de raza blanca. Pero incluso esa idea de fuerza. Yo no le veo la utilidad ni en ese sentido.

Enrique. No sé cómo es ese impulso creador. No lo sé. Creo en él en ese sentido, pero no sé cómo es.

Leo. Yo veo ese impulso en las plantas que crecen, pero no necesito considerarlo: es evidente que existe. Además, ese impulso no tiene que hacer que yo sea bueno o malo, justo o injusto. Ésa es mi responsabilidad.

Enrique. Con eso me conformo. Tú hablas mucho de los bufones. En la Edad Media, los reyes tenían siempre uno. Hay bufones que han tenido una importancia enorme. Imagínate que los políticos tuvieran un bufón al lado.

Leo. Hasta hace poco, la compañía Mercedes Benz tenía un bufón oficial que iba a todos los consejos de administración. ¡Y mire lo buenos que son los Mercedes!

Enrique. Que los obispos y cardenales pongan uno a su lado.

Leo. ¡Me ofrezco como bufón de Cañizares! Cuando usted habla del impulso creador es lo mismo que yo siento para hacer reír. El humor, la risa, para mí es un flujo de energía que no pertenece a nadie en concreto. Los cómicos, en vez de decir "Dios te ama", podemos proclamar: "El humor te ama". Tampoco se puede definir, justo como esta palabra Dios que me complica tanto la vida.

Enrique. Lo más importante es no perderlo, el sentido del humor. Sin humor, ¿qué sería de nosotros?

Leo. Le haré bufón honorario, entonces.

Enrique. Acepto.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 30 de agosto de 2006