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Crónica:PIE DE FOTO | EL PAÍS, 6-07-06

La distancia entre los pies y la cabeza

Durante el Mundial se metieron muchos goles y se pronunciaron muchas frases. Entre los goles, hay uno memorable de Zidane. Entre las frases, una de Maradona acerca, precisamente, del jugador francés. Se estaba hablando, antes del España-Francia, de la edad de Zizou y de las dificultades que tendría para hacer frente al ímpetu juvenil del equipo español. Entonces intervino Maradona y dijo:

-Zidane sólo tiene un tiempo en las piernas y posiblemente en la cabeza.

Aunque luego demostraría que podía jugar los dos tiempos con las piernas y con la cabeza, no fue ese error de cálculo lo que nos llamó la atención, sino las posibilidades especulativas de la frase de Maradona, que quizá sea de uso común en la jerga futbolística, pero que para nosotros resultaba una novedad. Según tal enunciado, parecía factible que un jugador tuviera 45 minutos en una parte del cuerpo y 90 en otra. Llevando la frase a sus últimas consecuencias, podría darse el caso de que el pie izquierdo poseyera menos ambición que el derecho, y ambos, a su vez, más ímpetu que la cabeza. ¿Serían capaces los pies de ganar un partido sin la colaboración de la cabeza? ¿Podría la cabeza sacar adelante un partido tras la dimisión de los pies?

Fue uno de los mejores jugadores del Mundial, uno de los más atractivos en todos los sentidos

Pero, sobre todo, ¿es aplicable esta suerte de esquizofrenia a otros ámbitos de la vida? ¿Puede un poeta tener 500 versos en la cabeza, pero sólo 50 en la pluma estilográfica? ¿Puede un cirujano aguantar una intervención de siete horas con las neuronas, pero no con los dedos? ¿Podemos hacer proyectos para dentro de 20 años cuando sólo nos quedan 10? ¿Es posible estar dominado por una ambición muy superior a nuestras capacidades? O al revés: ¿puede un ciclista convivir con un deseo de éxitos inferior al de su potencia muscular? ¿Es posible tener más oxígeno en el corazón que en el páncreas, más ardor en las neuronas que en los genitales, más sangre en la mirada que en las venas? Cuando Maradona se refirió a las piernas y a la cabeza de Zidane, ¿estaba hablando de la distancia existente entre los sueños y la realidad? ¿Era su frase un halago, una recomendación, un diagnóstico? ¿Quería señalar que el jugador francés debería actuar de manera sensata, plegándose a las evidencias de la biología?

Zidane no fue sensato. Nunca sabremos si tenía 90 minutos en las piernas, pero es evidente que los tenía en la cabeza (esa misma cabeza con la que puso en su sitio a Materazzi). Fue uno de los mejores jugadores del Mundial, uno de los más atractivos en todos los sentidos. Se podría haber jubilado como un gran jugador, pero se jubiló como un héroe. Demostró que el deseo manda sobre los años, sobre los músculos, sobre el cálculo contable, sobre la mezquindad. A Maradona, no hace mucho, le quedaban unos años (quizá sólo unos meses) de vida en el cuerpo. Pero la cabeza reaccionó y sacó a su organismo de la sima en la que se encontraba. Hoy parece un tipo feliz, un comentarista deportivo al que de vez en cuando se le escapa una frase genial como la que nos ocupa y que demuestra que el cuerpo es más pesimista (y así le va) que la cabeza. Por eso, hay que hacer caso siempre a la cabeza.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 22 de agosto de 2006